( ... ) Cuando estuve en Chile en el año 97 en primeros pasos en la radio, la publicidad se hacía enlatada. Todo grabado, incluso las señales horarias, la hora y la temperatura. Eso de la publicidad en vivo y en directo a través de las ondas era impensable. La radio era estricta en exceso, seria y profesional. No había lugar para la espontaneidad y la frescura que eso supone. En un medio que se entiende o presupone cercano a los oyentes. El pueblo de Talagante donde residía, era un lugar muy tranquilo, apenas a 40 kilómetros de Santiago y de esos que la carretera atraviesa su columna vertebral. Donde las casas y los negocios se encontraban a ambos lados de la calzada al mas puro estilo americano. Me llamó la atención que cada día de mañana o tarde un tipo con un megáfono se paseaba de arriba abajo por ambas aceras del lugar y se paraba en aquellos establecimientos que habían contratado su servicio de publicidad. Allí quieto y durante unos minutos invitaba a los humildes transeúntes a entrar y ver las maravillas del lugar. Hoy sería imposible hacerlo así por muchas razones.
Fuente: imanolgomez.blogspot.com.es