Viajar trae consigo algo más que recuerdos turísticos o compromisos de trabajo. En un mundo con vuelos internacionales cada vez más frecuentes, trasladarse de un país a otro también puede significar atravesar territorios donde circulan enfermedades que tienen una menor presencia en el lugar de origen.
El sarampión es el mejor ejemplo de esto. Debido a su alta capacidad de contagio, una persona puede adquirir la infección durante sus vacaciones o viaje de negocios y regresar a casa sin saber que está enferma, especialmente durante los primeros días. Al aterrizar, el contacto con familiares o compañeros de trabajo abre de inmediato una nueva cadena de transmisión.
Para Javier Ríos, docente de la Especialización en Epidemiología de la Fundación Universitaria del Área Andina (Areandina) de Bogotá, la movilidad internacional constituye un elemento que debe tenerse en cuenta dentro de la vigilancia epidemiológica de enfermedades infecciosas.
¿Cómo se contagia y qué hacer antes de volar?
El virus del sarampión se transmite por vía aérea y se propaga con gran facilidad cuando una persona infectada comparte espacios cerrados o muy concurridos (como salas de espera, aviones o transporte público) con gente que no está protegida.
Por esta razón, la prevención no empieza en el destino, sino en casa:
▪️Revise su carné de vacunación: es la principal recomendación antes de cualquier viaje internacional. Actualizar los esquemas reduce la probabilidad de contagiarse y de infectar a otros al regresar.
▪️Higiene en el camino: mantenga un lavado de manos constante y use tapabocas en lugares aglomerados si nota a personas enfermas cerca.
▪️Atención a los síntomas al volver: fiebre, tos, malestar general o brotes en la piel después de un viaje son señales de alerta roja. En estos casos, la indicación es aislarse y buscar atención médica inmediata.
El riesgo no termina en el aeropuerto
El recorrido de un virus no finaliza cuando el viajero aterriza. Una persona infectada vuelve a su entorno cotidiano y expone a familiares, amigos y compañeros de estudio o trabajo. De ahí la importancia del rastreo de contactos cuando se confirma un caso.
"Reducir el riesgo en estos entornos no implica limitar la participación, sino estructurar medidas de preparación previas al viaje", explica el epidemiólogo Javier Ríos.
Revisar si tiene las vacunas al día antes de hacer la maleta y estar atento a cómo se siente los días posteriores al regreso son acciones sencillas que evitan que un viaje soñado termine en un problema de salud para sus seres queridos.