En el Ritual de Emulación la iniciación se vive en forma de un psicodrama que está destinado a provocar y despertar el interés del candidato en la naturaleza de la Orden. En esta instancia no necesariamente se podrán encontrar de forma inmediata la manera de satisfacer todas las inquietudes y preguntas fundamentales de la existencia humana que allí surgen, razón por la cual, al nuevo hermano se le enseñará a encontrar un camino o una vía válida para comenzar la búsqueda de respuestas.
A diferencia de lo que ocurre en otros Ritos, Emulación exige una preparación previa en el corazón del candidato, es decir, una aptitud sin prejuicios de la Orden, de sus principios y finalidades. Esa preparación, también difiere en cuanto, no se de una mirada fúnebre de cara a la muerte; por el contrario, se de una mirada hacia un renacer simbólico, pues una de las virtudes que proclamamos es la Esperanza (en la salvación); y la muerte no es esperanza de nada, sino se entiende como una transición hacia la trascendencia esperada.
Esta precariedad que se manifiesta luego de haber vivido la experiencia iniciática es solo parte de la condición humana, la pobreza y la ausencia de sentidos, son más bien una cuestión superficial, la verdadera precariedad, se debe analizar en comparación con la Inmensidad del Gran Hacedor.
En un momento de preparación, cuando se rompe el estricto orden en la vestimenta con que se acude como candidato, surge una vez más, la fragilidad de las preocupaciones y señales externas vienen a la mente para reforzar la humilde noción de que las circunstancias externas pueden, de un momento a otro, cambiar las circunstancias materiales que tanto hemos trabajado por forjar, mientras que la preparación interior y espiritual que se alcanza para enfrentar los acontecimientos de la vida, escasamente puede ser arrebatadas, independientemente de la aparente gravedad de los hechos.
Al interior del templo, muchas son las cosas que captan la atención del candidato, algunas aparecen y reaparecen en la memoria, en ocasiones, con un significado que se complementa progresivamente. Es así como la responsabilidad sobre el tiempo, los límites en la relación con nuestros semejantes y la humildad de saber reconocer nuestras limitaciones, generándose entonces la necesidad de “buscar un maestro” que entregue sus luces y aprender de él, encontrando el refuerzo necesario a los puntos centrales de la constante y permanente reflexión interna.