Hay días en los que respirar en Bogotá es difícil y la razón no tiene que ver con el clima ni con la altura, sino con su contaminación. Existe un tipo de material particulado llamado PM2.5, que es capaz de atravesar las defensas de las vías respiratorias y llegar hasta los alvéolos pulmonares, afectando también el sistema cardiovascular. Lo inquietante es que no enferma del mismo modo en toda la ciudad.
El problema no se distribuye de la misma manera por toda la urbe. “La exposición depende del lugar donde se vive, de la actividad laboral y de la capacidad que tiene cada persona para protegerse”, explica Carlos Duvan Páez, docente de la Maestría en Salud Pública de la Fundación Universitaria del Área Andina en Bogotá.
Las zonas con el aire más pesado
En el suroccidente de la capital, la concentración de fuentes contaminantes y determinadas condiciones meteorológicas aumentan el peligro. Localidades como Kennedy, Bosa, Puente Aranda y Ciudad Bolívar conviven con corredores de transporte de carga, actividad industrial y un intenso flujo vehicular.
A esto se suma el fenómeno de la inversión térmica durante las noches despejadas, cuando el suelo pierde calor y se forma una capa de aire frío cerca de la superficie, atrapada por una más cálida. Esto mantiene el humo y los gases flotando cerca del suelo, justamente donde están los peatones, ciclistas y trabajadores informales.
Además, los incendios forestales regionales transportan humo a la ciudad, que se queda atrapado debido a la cuenca rodeada por montañas en la que se ubica Bogotá.
Más de 1.100 muertes al año por aire sucio
La exposición a estas partículas y a gases como el dióxido de nitrógeno y de azufre agrava las enfermedades respiratorias y cardiovasculares, afectando con mayor dureza a personas con asma, EPOC y adultos mayores.
Cifras oficiales asocian la contaminación atmosférica con más de 1.100 muertes anuales en Bogotá. Sin embargo, el impacto también se refleja en urgencias, hospitalizaciones y complicaciones que muchas veces no quedan registradas formalmente como un daño ambiental.
“El costo no se limita a las muertes. También existe una carga de enfermedad que termina absorbiendo el sistema de salud y que pocas veces se relaciona de manera directa con el lugar y las condiciones de exposición de las personas”, señala el docente.
¿Qué hacer para protegerse y qué debe cambiar?
• Durante los picos de contaminación, las recomendaciones de los expertos incluyen:
• Evitar el ejercicio intenso al aire libre en horas críticas.
• Ventilar las viviendas cuando el aire mejore y evitar el humo de tabaco.
• En personas con asma o EPOC, mantener a la mano sus medicamentos.
• Usar tapabocas con capacidad de filtrar partículas finas.
Páez advierte que no todos pueden quedarse en casa o dejar de trabajar en la calle cuando el aire empeora. En 2021, la OMS bajó los niveles aceptables de contaminantes ante la evidencia del daño que causa la exposición prolongada. Por eso, el reto de Bogotá no es solo reaccionar con picos y placas ambientales, sino reducir las fuentes emisoras de forma sostenida para proteger la salud de quienes respiran este aire todos los días.