El niño que fui, el que aún me sueña

 
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Un encuentro inesperado en ese lugar donde la memoria y el sueño se dan la mano.

 El niño que fui, el que aún me sueña

Imagen obtenida con la ayuda de Grok

28 marzo 2026

- La realidad es lo único que no se puede cambiar —eso lo sabemos todos—, pero los sueños sí, y hoy he vuelto a tener uno de esos que te dejan, como dicen los cocineros, a punto de nieve.

- Volaba. Sí, volaba.

- Daba la mano a quienes ya no están y, curiosamente, también a muchos a los que hace años que no veo. El fondo no era azul: era blanco nata, casi cegador. Había puertas sin marco, todas abiertas, y ninguno llevábamos encima más que la inocencia del momento.

- Entre aquel grupo apareció un chaval que apenas sabía hablar, pero que hacía reír a todos con una naturalidad magnética, como la Luna tirando de la Tierra. Me acerqué, intrigado, y le pregunté:

—Hola, chaval… ¿cómo te llamas?

—Enrique —me dijo.

—Vaya, como yo —le respondí, divertido.

—No —me corrigió—. No me llamo como tú. Soy tú.

- Se rió con esa risa limpia de los enanos vivaces de su edad y se alejó corriendo hasta perderse en aquel fondo blanco que me hacía pestañear más de la cuenta.

- Y entonces llegó el susurro de siempre, el que me devuelve al mundo real por el oído izquierdo:

—Enrique, arriba, que llegamos tarde.

Fuente: blogger4deenrique.blogspot.com
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