El reciente sismo en Colombia no solo dejó daños materiales, sino que puso al descubierto la alta vulnerabilidad que enfrentan las personas con discapacidad durante y después de un desastre natural. Para las familias de niños y adolescentes con parálisis cerebral o movilidad reducida, evacuar o gestionar el impacto emocional de una emergencia representa un reto gigantesco.
Frente a este escenario, la Fundación Unidos para Sonreír desplegó un plan de contingencia para atender a las comunidades más golpeadas. Tras una evaluación rápida, la organización detectó que al menos 30 familias vinculadas a su red sufrieron graves afectaciones en sus viviendas.
Como respuesta inmediata, la fundación activó un canal de donaciones en su sitio web para llevar suministros básicos y asistencia psicosocial a las zonas golpeadas, como el municipio de Litoral de San Juan, en el Chocó.
En una acción conjunta con la primera dama de Bogotá, Carolina Deik, la Fundación Camioneros por Colombia y APIs Student Agency, se enviaron 16 toneladas de ayuda humanitaria desde el Palacio de los Deportes en la capital. Los insumos incluyeron alimentos, medicamentos, kits escolares, comida para mascotas y la instalación de dos gimnasios de rehabilitación en casa para los niños de la región.
¿Cómo proteger a una persona con parálisis cerebral durante y después de un sismo?
La emergencia evidenció que las personas con discapacidad cognitiva o física experimentan síntomas postraumáticos severos y respuestas particulares al estrés. Según la doctora Isabel Londoño Ossa, médica fisiatra, la dificultad de comunicación y la espasticidad muscular reducen su capacidad de autorregulación.
Para orientar a las familias, la fundación y sus especialistas desarrollaron un protocolo con pautas clave para actuar en momentos de crisis:
▪️El estado del cuidador es el primer filtro: La regulación del menor depende directamente del adulto. Si el cuidador entra en pánico, transmite esa carga. En caso de crisis extrema, es prioritario delegar el manejo directo del niño a un familiar calmado.
▪️Co-regulación a través del cuerpo: Las explicaciones verbales suelen ser inútiles ante el shock. El niño percibe que el peligro pasó mediante el contacto físico firme (un abrazo contenido o presión en el pecho), un tono de voz bajo y pausado, y una respiración lenta por parte del adulto.
▪️Retorno a la rutina y objetos conocidos: La previsibilidad ayuda a estabilizar el sistema nervioso. Recuperar cuanto antes los horarios de alimentación, sueño y el uso de objetos de apego (como cojines posturales o sillas) reduce la ansiedad.
▪️Atención a los signos de sobrecarga sensorial: Si hay aumento del tono muscular (rigidez), bruxismo o llanto inconsolable, se debe reducir el entorno ruidoso, apagar alarmas y aplicar estrategias de presión profunda o música relajante.
▪️Comunicación adaptada: Para quienes no tienen lenguaje verbal, es fundamental utilizar apoyos visuales o pictogramas para explicarles lo que sucedió y los pasos a seguir.