Más del 50 % de los jóvenes entre 18 y 29 años en Colombia reportan síntomas significativos de ansiedad y depresión, según datos de Profamilia. Aunque viven en la era de la hiperconexión, muchos enfrentan una soledad silenciosa.
Jenny Cubillos Díaz, docente de Psicología de Areandina Bogotá, explica que “estar conectados digitalmente no necesariamente significa sentirnos acompañados, escuchados o sostenidos”.
La "herencia" de la pandemia y el miedo a la presencialidad
Quienes vivieron su adolescencia en cuarentena sufrieron una reducción de interacciones que afectó habilidades básicas como interpretar gestos o resolver conflictos.
Por eso, volver a la presencialidad ha sido exigente: exige responder en tiempo real, sostener la mirada y tolerar el juicio ajeno. Al sentir incomodidad, el joven tiende a aislarse, creando un círculo vicioso.
A esto se suma la presión por la precariedad laboral, la vivienda, la incertidumbre económica y la comparación constante en redes sociales.
Red flags: ¿cuándo el aislamiento deja de ser normal?
▪️Estar solo no es estar deprimido; desconectarse un rato es normal. Lo alarmante es un cambio radical en la rutina:
▪️Abandonar de golpe los hobbies que antes disfrutaba.
▪️Alejarse de amigos y familiares cercanos.
▪️Alteraciones drásticas en el sueño o la alimentación.
Caída en el rendimiento académico.
Expresar sentimientos de inutilidad o desesperanza.
“Cuando el aislamiento empieza a convertirse en una forma constante de evitar la vida cotidiana o los espacios de interacción porque resultan incómodos, es una señal importante que merece atención y, si es necesario, la búsqueda de ayuda profesional”, señala Cubillos.
¿Cómo ayudar desde la casa?
El arte, el deporte y el trabajo comunitario son escudos protectores. En el hogar, el secreto está en escuchar sin juzgar.
Una pregunta sencilla como: “Te noto diferente últimamente, ¿quieres contarme qué está pasando?” abre la puerta al diálogo.
Si teme por su seguridad, la recomendación de la experta es hablar sin rodeos y preguntar si ha pensado en hacerse daño: “Preguntar no provoca esas ideas”; puede permitir que la persona hable de algo que ha estado viviendo en silencio.