13 enero 2024
- Sucedió, aunque hace ya algún tiempo, una vieja historia que vino a mi mente mientras preparaba un discurso sobre qué decirles mañana a mis nietos sobre eso de que voy a tener que dejar de jugar al fútbol profesional o de no poder ir a la maratón de antena 3 cuando llegue. Sin darme cuenta, también, me di cuenta de que estaba sonriendo ...
- Estábamos en la cola de la Caja X y delante un hombre de mi edad, encorvado, con su chándal y sus bambas, y su compra entre las manos, cara de susto y poca razón, aparentemente, el cual, al llegar al pago, la cajera le dice que no llega con lo que el hombre abriendo el puño había soltado unas monedas y unos billetes arrugados, sobre el mostrador.
- El hombre, de acuerdo con la chica, empieza a quitar cosas … y de pronto, detrás mío, oigo su voz, la de mi niña, diciendo: “No, no, páselo todo” y el todo lo fueron por unos pocos euros más, hecho que provocó que tanto la Cajera como ella, mi niña, se les asomaran desde sus enrojecidos ojazos, unas benditas lágrimas.
- El hecho no tendría más importancia si no fuera por el acto de solidaridad y arrepentimiento que en mi provocó no haber sido yo capaz de decirlo antes que ella, pero lo más curioso y más sorprendente fue que el hombre, con cara bondadosa y haciendo una mueca, como la de un gracioso perrito agradecido, nos dijo:
“Gracias, muchas gracias, (sonriendo tristemente), luego paso y les dejo un cheque”.
@etarragó
Fuente: etarragof.blogspot.com