A más de dos años de distancia de aquel diciembre de 2019 cuando el mundo comenzó a conocer al SARS-Cov2, un virus altamente contagioso que se expandía rápidamente y que poco después llevó a la humanidad a entrar en una pausa total de la cual, a más de dos años de un virus que nos mostró las profundas carencias sistémicas que teníamos previas a su aparición, apenas empezamos a comprender los estragos generacionales que esta pandemia representará.
A más de dos años de distancia, es precipitado anunciar el final de la pandemia desde la perspectiva clínica, pero su manejo adecuado está siendo el catalizador de un periodo de grandes transformaciones sociales que van desde conceptos tan simples como esenciales, como la importancia del lavado correcto de manos hasta el resignificado del manejo holístico de la salud física con la salud mental, la cual históricamente había existido en el relego y hoy entendemos como fundamental.
El esfuerzo científico internacional sin precedentes que se ha suscitado ha permitido desarrollar diversas vacunas y tratamientos en tiempo récord. Gracias a lo anterior, hoy se pueden trazar estrategias diversificadas que comprenden la presencia del virus no solamente desde una fase de emergencia clínica, sino como una enfermedad más dentro en el catálogo de enfermedades respiratorias presentes en la humanidad.
Ha dos años de distancia se deben de tomar medidas de reforzamiento: llevar a su máximo el nivel de vacunación, reforzar las medidas sanitarias y prohibir la distribución y venta de productos “alternativos” que carezcan de rigor científico.