27 febrero 2021
El esfuerzo por la conservación y culto, al cuerpo es algo que en las mises venezolanas, por ejemplo, no prescribe jamás. También sucede lo mismo con algunos actores y actrices a las que lo de envejecer dignamente lo llevan fatal, al igual que algunos de mis queridos y admirados, amigos y amigas. Por eso, lo de Venezuela, que por mucho que uno se sienta amante de ese País y su belleza natural, no evita el sarcasmo practicado, siempre, sobre lo que es evidente: Todo lo que sube, baja.
La inviolabilidad del recuerdo de “lo que se fue” es solo una utopía. Mantenerlo es, claramente, un estúpido acto de vanidad, pero enmendarlo es otra profunda y solemne, ceremonia de la estupidez humana, que nada tiene que ver con la sana intención de mantenerse, dignamente, conservado, perfumado y hasta agradablemente deseable para el mundo que te rodea.
Permitirme un reclamo universal aunque suene a lo de la zorra y las uvas: Amo el tiempo que vivo y en el cuerpo que me permite ser lo que soy, es decir, tal cual.
Fuente: etf1949.wordpress.com