El fuerte terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el pasado 10 de agosto de 2026 transformó la realidad de miles de hogares en el occidente del país. Aunque el sismo se originó en territorio chocoano, las mayores afectaciones estructurales y el colapso de edificaciones se concentraron en ciudades capitales del suroccidente como Cali, Pereira y Manizales.
Más allá de la remoción de escombros coordinada por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), una emergencia silenciosa avanza entre las zonas afectadas y los albergues provisionales: el riesgo latente para la salud visual de la población.
Polvo de demolición y falta de agua potable
El ambiente en los puntos de colapso urbano está saturado de material particulado compuesto por restos de concreto, ladrillo y yeso. Este polvo actúa como un irritante directo sobre los ojos, provocando el acto reflejo de frotarse, lo que puede derivar en conjuntivitis química o lesiones en la córnea.
La situación se complica por la interrupción del acceso al agua potable tras los daños en los acueductos. Usar agua no tratada o almacenada para aliviarse eleva el peligro de introducir patógenos externos en el ojo.
Ana María Agudelo, docente del programa de optometría de la Fundación Universitaria Área Andina de Pereira, recomienda para estos casos “no frotarse el ojo y evitar lavarlo con agua que no sea segura”. En una zona de emergencia, donde puede haber limitaciones de agua potable y saneamiento, se recomienda evitar el contacto del ojo con agua de grifo, lluvia, río o almacenada en tanques, especialmente si existe una lesión en la córnea, pues esto puede aumentar el riesgo de infección. Como primera medida, señala, la persona puede parpadear repetidamente o deslizar suavemente el párpado superior sobre el inferior para favorecer la expulsión de la partícula mediante la lágrima natural.
“Si la molestia persiste o se sospecha que el material quedó incrustado, lo más seguro es acudir al puesto de atención y evitar manipular el ojo”, agrega.
Pérdida de gafas y kits de emergencia
A este escenario se suma la pérdida de lentes ópticos durante la evacuación. Las personas con miopía o astigmatismo severo enfrentan graves dificultades para movilizarse en terrenos inestables, lo que aumenta el riesgo de caídas y limita su autonomía para recibir ayuda humanitaria.
Para mitigar estos riesgos en la zona de desastre se recomienda:
▪️Uso de protección: utilizar gafas protectoras o caretas en labores de limpieza para frenar el polvo en suspensión.
▪️Kits de limpieza ocular: distribuir suero fisiológico o lágrimas artificiales en monodosis para limpiar los ojos de forma segura sin usar agua potable.
▪️Evitar la manipulación: acudir de inmediato a un punto de atención médica si el material particulado queda incrustado.