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27 agosto 2018/2016
Curioso … entré esta madrugada en una cafetería a tomarme un calentito café humeante y una vez me puse a saborearlo, suspiré profundamente, me eché hacia atrás en mi cómoda silla y me puse a observar al personal de mi entorno. Había mesas de hasta cuatro personas … nadie hablaba, nadie se hablaba … o eso parecía, pero … ¿Era así? Todos tenían los ojos clavados y las manos ancladas en sus smartphone – Hay quien dice que ahora, la gente de ahora, de hoy, se comunican mucho más que lo hacían la gente de antes, la del ayer … y yo seguí sorbiendo mi caliente y humeante café, me hundí en la silla y puse la mirada en el infinito de una pared blanca, llena de manchas blancas; de gente con largos vestidos blancos; de hormigas blancas; de noticias blancas; de nubes blancas; de caballos blancos; de mármoles blancos; de cielos blancos … de libros blancos. Un muchacho de las mesas de muchachos para una vida por un guasap, me saca de mi pared blanca y me dice: “Perdone abuelo ¿Tiene usted un cargador para un teléfono Samsung?, me han dicho que quizás usted …”. El muchacho llevaba en su mano un precioso y gran teléfono blanco … como no.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com