Fotografía de Édouard Boubat
19 agosto 2018/2016
Mi querido Párroco, con dos cañas sobre la mesa, (la mía 0,0%), sentados ahí, frente al mar, a pleno sol, en ese chiringuito de nuestra perdición, me lanza un mensaje sin que parezca necesitar respuesta, pues la hace mirando a la línea horizonte de nuestro Mar: “¿Por qué los padres, por muy viejos que sean, sufren por sus hijos y por su estabilidad más, incluso, que los propios hijos?” … y luego, sin dejar que yo me lance a la yugular de su caja de los secretos inconfesables, me apostilla … “No. no, me contestes, Enrique, sé que no hay respuesta”.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com