León vivió dos años casi cronológicos, diría yo, como un gato cualquiera. Siempre fui una persona de perros, de hecho, Whisky todavía vive, claro con mis padres en el sur de Chile.
Abrir mi mente a esta experiencia fue enriquecedor y una gran oportunidad de aprendizaje.
Era 2 de diciembre de 2013 y muy temprano en la mañana recibí la llamada de una amiga que quería saber si quería adoptar un gato. Todo esto porque vivo solo y mis amigos se preocupaban de que estuviera muy solitario. Pensé en decir no pero algo, un qué sé yo, me hizo decir que sí.
Partí hacia Reñaca a juntarme con mi amiga y la dueña de los pequeños. Era un día muy soleado y los gatitos andaban de aquí para allá. Recogí uno y no sentí eso que sientes cuando encuentras al compañero ideal, conversamos un rato los tres y en un momento sentí que alguien subía por mi pierna. Entre risas por el acto del animalito, este término posado en mi cabeza. Lo sentí, por alguna razón él me quería a mí yo terminaría amándolo a él, al pequeño León.
Camino a la casa ya con él en brazos, las típicas miradas en la micro, una foto para Instagram contando el suceso de "la nueva mascota" y algo de nerviosismo por la nueva responsabilidad. Arme su cama y fui directo al supermercado para comprar las cosas que harían falta para él, su caja de arena, la misma arena, una pala y su comida.
León era particular, claro, según yo que nunca había tenido un gato. Creció grande y juguetón, jamás arañó un mueble y prácticamente no dejaba pelos en el departamento. Me enseñó que como todos los gatos, tienen una personalidad especial. Tuvo siempre su carácter y tuve que aprender a darme cuando quería estar conmigo, con más gente o solo.
Uno de nuestros grandes retos fue el viaje a Antofagasta y su transporte. La aerolínea me permitió viajar con él en cabina por lo que fue algo más relajado todo el trámite. Estando en la ciudad nortina, él quiso salir a recorrer durante 3 días, los más angustiantes para mí y claro para él. Cuando volvió, lleno de magulladuras y con cara de "no salgo nunca mas", lo lleve a esterilizar sin dudarlo.
Vivió prácticamente 2 años. Murió el 14 de diciembre de 2015 de una falla renal. Esto te enseña que muchas veces uno por mucho amor que tenga a alguien, ya sea un compañero animal o una persona, no prestamos toda la atención que se merecen. Tres días antes yo podría haber notado su malestar y llevarlo al veterinario. Su última noche fue en mis brazos, tranquilos, con un último ronroneo y mucho amor.
Era 2 de diciembre de 2013 y muy temprano en la mañana recibí la llamada de una amiga que quería saber si quería adoptar un gato. Pensé en decir no, pero el destino me enseñó que el amor está en todos lados.
Daniel Nieto Middleton