(estovalelapena.com) Relaciones van, relaciones vienen, lo más importante de todas esas experiencias es saber atesorar los gratos momentos vividos, en los que se aprendió del otro y en los que se hicieron sacrificios. Aquellos en los que te das cuenta que el amor es incondicional, respetuoso y sincero.
Es lo que refleja un conteo personal de Jenny Chang en el portal BuzzFeed, y que traemos en este post:
1. Es el 14 de febrero del 2005 y tengo 15 años. Odio la secundaria pero amo la hora de almuerzo porque sé que te veré. Siento un leve toque en mi hombro y al girarme, estás tú, sujetando una rosa. “Feliz día” dijiste. Siento que mis órganos se derriten hasta el suelo.
2. Han pasado cuatro meses y las vacaciones de verano han iniciado. Tomas mi rostro y me besas. Tus labios no corresponden con los míos y tu lengua se mueve extraño pero aún así, eso es lo mejor que me ha pasado. Me dices que tienes que irte, me besas una vez más, subes al auto y te vas. La fecha es 20 de junio, y aunque no lo sabemos todavía, celebraremos esta fecha por los siguientes 10 años.
3. Hemos estado saliendo durante un año. Decidimos estacionarnos afuera de la secundaria a media noche porque somos adolescentes con malas ideas. Hemos pasado ya tanto tiempo dentro, que las ventanas se han empañado. De pronto, un toque en el vidrio y un policía que nos deslumbra con su lámpara peguntando qué hacemos ahí tan tarde. El policía revisa el suelo del auto buscando cualquier cosa que indique que pasamos una noche memorable. “¿Qué es eso?” pregunta. “Un pene, señor”, respondes. “Es un trozo de cera que uso para hacer skateboarding al que mis amigos le dieron forma de pene”. El policía no sabe qué responder y nos deja ir. Ahí supe que eras la persona más valiente que jamás conocí.
4. Es el final de mi primer año en la universidad y aunque estamos a 200 millas unos del otro, seguimos juntos. Me lastimé un musculo del cuello en un particularmente accidentado viaje en autobús y entonces he decidido ver al doctor del campus. Me envían a hacer rayos x, estudios de sangre y una rápida prueba de un raro tipo de cáncer que afecta a la agente de entre 20 y 35 años. Pienso en que soy demasiado joven para tener cáncer y en que no me gustan las agujas. Estoy molesta porque el doctor me hace perder mi tiempo y no me regala condones. La preocupación en tu voz me hace pensar en que mi molestia enmascara un miedo profundo. Llueve afuera y de pronto, de la nada, rompo a llorar.
5. Puedo ver mi cuero cabelludo en algunas áreas de mi cabeza, pero en otras, mi pelo cae hasta los hombros, lo cual me hace sentir como Frankenstein. Escucho tu auto detenerse afuera y entro en pánico. Corro a la cocina y tomo lo primero que veo: una funda para tetera. Luego me la pongo en la cabeza y salgo a recibirte. “Lindo sombrero” dices. Luego me lo quitas y me dices que soy hermosa. No te creo hasta el día siguiente, cuando llegas a mi casa mostrando una cabeza afeitada en la que solía haber hermosos rizos largos y negros.
6. Es mi última cita para quimioterapia. He perdido más de 20 libras y estoy más calva de lo que estaba cuando me afeite la cabeza hace seis meses. Tú has estado en todas y cada una de mis citas desde que enferme, pero hoy, tienes un examen final y el profesor te advirtió que no podrías tomarlo en otra fecha sin perder créditos. Hoy debería estar feliz, pero simplemente estoy harta y me siento perdida sin ti. Cuando escucho mi nombre para entrar a terapia siento una sensación horrenda en la garganta. Luego te veo a través de la cortina. ¿Y tu examen? Pregunto. Tu respondes: “Al cara*o el examen”.
7. Ha pasado un año desde que me recuperé del cáncer y como interrumpí la universidad, he decidido estudiar en el extranjero. Me has apoyado aunque eso signifique separarnos. Ha sido duro. Me robé ya una cerveza en París y fume hachís en Barcelona, pero ninguna sensación ha sido tan intensa como la de encontrarte al doblar en un pasillo del aeropuerto.
8. Son las 8 de la mañana y estamos comprando burritos de microondas en una parada de camiones en un algún sitio del este de Texas. Te convencí de dar un viaje de ida y vuelta a través del país. De pronto me miras desde el asiento del pasajero mostrando un brownie con una vela encajada en el medio. Luego empiezas a cantar el feliz cumpleaños a todo pulmón. Se supone que el viaje habría terminado al llegar mi cumpleaños, pero por la mala suerte y la pésima planificación no sucedió así. No obstante, me sentí mejor que en casa.
9. En contra de todas las posibilidades, he terminado en el trabajo de mis sueños. Vuelvo de la oficina en bicicleta y te encuentro sentado en el porche de nuestro pequeño apartamento en Queens. Nos hemos mudado aquí desde hace dos años y con el paso de los meses, lo hemos convertido en nuestro hogar. Ahora por fin creo que nuestra relación está en un terreno más o menos fijo y te lo digo. Miras un rato al techo antes de mirarme a los ojos, y respondes “Yo no lo siento así, porque las cosas han cambiado. A lo largo de los años te he amado, pero ahora, también te admiro”.
10. Te escribo esto porque yo también te admiro. Lo he hecho por diez años y planeo hacerlo por unos 10 millones más.
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