07 mayo 2017
- "Y desde esa vieja habitación de mis recuerdos, os emplazo a que viváis intensamente este día. No hay dolor, no hay mal, no hay desprecio, no hay discapacudad alguna, ni hay sentimiento que pueda quitarnos la razón de vivir ... "
- Así empecé mi discurso de hoy en La Parroquia de mis entretelas. Todos parecían escucharme, me miraban atentamente cual si un adjudicador de empleos en plaza pública de los 40 se tratara.
- De pronto, desde la última mesa, se oye una voz. Una inmensa señora, de donde las haya, se había levantado mostrando toda su esbelta figura y sus lindos y elegantes ademanes de sesentona de extraordinario buen ver, y deja ir con una muy serena voz, una bella petición: "Oiga, señor, podría hablar un poco más fuerte y menos forzadamente, pues apenas se le oye, ni se le entiende".
- Se formó la del "Eugenio" cuando terminaba de contar un chiste ... las risotadas se oían hasta en la Playa, tanto que hasta empezó a entrar gente a la Misa de las nueve para ver que pasaba.
- Decidí, quedarme callado mientras hubiera "cahondeo sonoro", pero una vez acallado el tumulto, me acerqué a la coqueta y "quedona" sesentona y, haciéndole un gesto de complicidad a La Loli, (la no menos bella mesera), y justo cuando ella, (La Loli), puso en marcha la música con el Second Waltz por los atronadores altavoces del Convento, le dije a la bella "vacilona": "¿Baila usted, bella dama?"
- Lo siguiente ya no cabe aquí, quizás solo, convendrá añadir que la escena no sé si fue exactamente así, pero es como la quiero recordar.
Fuente: etfreixes.blogspot.com.es