La iniciación masónica es la esencia, lo que verdaderamente le da sentido y razón de ser a la Orden, es una experiencia imborrable para todo aquel que ha recibido el beneficio de ella y es el comienzo de un proceso solemne que se desarrolla paulatinamente. La Iniciación no es sólo de orden intelectual, y su objeto tampoco es el de satisfacer las curiosidades profanas a la revelación de misterios que pueden estar un tanto ocultos, no se trata de una ciencia oculta ni de una filosofía tendiente a dar solución a todos los problemas del ser humano, se trata más bien de cultivar el arte de la vida, llamado también “Arte Real”. Para que la verdadera Ascensión Espiritual ocurra, debemos comenzar dando un “Primer Paso Regular”, en su más amplio sentido, ya sea exotérica y/o esotéricamente, o bien, a través de la realización transcendental, metafóricamente representada en el proverbio chino que dice: “un viaje de diez mil leguas comienza por un primer paso”.
La Iniciación Masónica es una ceremonia ritual y simbólica a través de la cual un profano es admitido en los misterios y privilegios de la francmasonería luego de haber cumplido con ciertos requisitos previos, entre los que se debe considerar el hecho de haberse presentado por su propia voluntad y consentimiento, haber sido dignamente recomendado, regularmente propuesto, aprobado en Logia Abierta y estar debidamente preparado.
Muchos podrán considerar el acto de la Iniciación como una simple formalidad, sin embargo, posee un carácter muy particular para los francmasones, se trata de un rito de paso, tal como existen en todas las religiones y tradiciones étnicas, el contexto espiritual y emocional de su desarrollo hacen de la Iniciación un momento muy privilegiado donde quien la recibe queda vinculado a la Logia que lo acoge por lazos fuertes e indisolubles, tanto así que durante la vida masónica del iniciado será recordará como su “Logia Madre”.
Vivir la experiencia de la Iniciación Masónica implica ser partícipe de un psicodrama perfectamente medido y estructurado donde el neófito puede visualizar lo fundamental de su núcleo como ser humano y a partir de él, si es capaz de seguir trabajando, puede construir ese crecimiento personal al que dijo aspirar cuando solicitó ser admitido en logia. El ritual masónico de la Iniciación ilustra la importancia de una vida recta, utiliza las herramientas de los antiguos masones y canteros como símbolos para señalar los ideales de la Orden, a través de ella un masón promete construir su vida y su carácter de acuerdo con esos ideales.
La Iniciación existe porque el alma disfrutó una vez de una existencia dichosa en el Paraíso; pero por algún acontecimiento infausto fue expulsada de él, viéndose precipitada a un mundo de oscuridad y materia. Desde entonces, el alma deplora su estado caído y anhela recuperar la felicidad perdida. En el contexto judeocristiano este suceso es conocido como “La Caída del Hombre”. Sin embargo, la tradición hebrea no fue capaz de desarrollar suficientemente la naturaleza de esa caída. No describió cómo aconteció, ni en qué consistió. El resultado más evidente de esto es que, en la tradición occidental, hemos desarrollado una extensa y minuciosa teología respecto a lo que acontece tras la muerte, pero no nos hemos planteado de manera realmente seria qué es lo que acontece antes del nacimiento, sin embargo, en las doctrinas mistéricas, era habitual que ofreciesen una descripción simbólica del proceso.
Antiguamente en aquella etapa del desarrollo humano en que el hombre miraba al cielo intentando hallar una explicación del mundo en que se encontraba, las distintas culturas occidentales crearon su propia metáfora acerca de la Caída del Hombre, lo hicieron sobre la base de elementos astronómicos. Por analogía astronómica, se asumió que en el momento de precipitarse desde el cielo a la tierra el alma atravesaba las esferas de los distintos planetas, y mientras lo hacía cada una de esas esferas se le adhería un cuerpo inmaterial.
En el Ritual de Emulación, la Iniciación Masónica no tiene diferencias conceptuales en relación con otras organizaciones esotéricas, ni con otros ritos que se practican regularmente, es decir, su estructura está dividida en tres grados, Aprendiz, Compañero y Maestro, incluido la Suprema Orden del Arco Real, como parte complementaria del Tercer Grado, con ello se¬ conforma un esquema perteneciente a toda vía iniciática regular. Hablamos entonces de un Ternario Iniciático que es análogo a los tres planos o niveles de la manifestación cósmica; es decir, el Corpus Mundi, el Anima Mundi y el Spiritus Mundi, según la terminología del hermetismo cristiano medieval. Cuerpo, Alma y Espíritu, universalidad que simbólicamente se corresponde con los tres grados del simbolismo. De ahí que la realización iniciática reproduzca paso a paso, etapa por etapa el proceso de formación del cosmos o del orden universal.