El idioma más hablado del planeta no es el inglés ni el mandarín. El idioma más hablado en el mundo es el idioma del corazón.
Por Nekane González Morales, Emociones, Inteligencia emocional, 17 de enero de 2016
Foto en:
www.desmotivar.com
Educar la mente sin educar el corazón NO es educar. (Aristóteles)
A todas las personas nos une algo tan invisible como necesario: las emociones. Aprender los mensajes que se esconden tras ellas nos permitirá poder comunicarnos de corazón a corazón en su lenguaje universal.
En los primeros años de vida nos resulta más sencillo aprender idiomas debido a que la elasticidad de nuestro cerebro es mayor. Lo que de adultos nos cuesta un mundo, en la infancia se asimila sin apenas dificultad.
Del mismo modo ocurre con nuestro corazón: es de niños cuando más y mejor aprendemos sobre nuestras emociones. Por este motivo, para llegar a desarrollar nuestra Inteligencia Emocional de adultos, es importante familiarizarnos cuanto antes con el lenguaje del corazón.
Lo que diferencia a este idioma de todos los demás es su universalidad. No importa que hayas nacido en una cultura u otra; el lenguaje del corazón no entiende de fronteras. Si eres humano puedes hablarlo, y para ello necesitas conocer unas reglas básicas.
Las 4 reglas gramaticales del lenguaje del corazón:
1. Todas las emociones son necesarias.
En el lenguaje del corazón no existen emociones positivas o negativas. Aunque en su extenso dialecto aparecen sentimientos más agradables que otros, lo que las diferencia a unas y a otras es la actitud con la que las gestionamos.
Enfadarse no es malo; no hacerlo bien, sí lo es. El idioma del corazón es muy sensible a los estímulos de nuestro entorno y nos ayuda a adaptarnos a él con mayor facilidad. Por ello, es importante saber sentir todas las emociones, y darles el lugar, el tiempo y la gestión que requieren en cada momento.
Permítete sentir miedo, dale espacio a la tristeza, enfádate cuando sea necesario y disfruta de la alegría.
2. La Inteligencia Emocional se entrena cada día.
Del mismo modo que no nacemos bilingües, tampoco nacemos siendo personas con un alto dominio emocional. Si bien es cierto que nacemos con cierta predisposición, este idioma se aprende cada día, requiere de práctica constante y su evaluación siempre es continua. La Inteligencia Emocional es la asignatura de toda la vida.
3. Controlar no es lo mismo que gestionar.
Las palabras son extremadamente importantes a la hora de comunicarnos. Por ello, será necesario diferenciar entre el control y la gestión. ¿Sabías que las emociones no se pueden controlar?
Cuando ocurre algo que genera una emoción, nuestro cuerpo segrega diferentes sustancias químicas a nivel interno de manera tan instantánea que resulta imposible evitar que esto ocurra.
Intentar controlar algo incontrolable aumenta las posibilidades de desbordarte en el intento. La buena noticia es que sí podemos dirigir esa energía y gestionarla en el momento que aparece aumentando así nuestro bienestar personal.
4. La Inteligencia Emocional no significa dejarnos llevar por nuestras emociones, sino hacer un uso inteligente de ellas.
Su propia palabra lo dice: inteligencia-emocional. Por tanto, para llegar a hablar con soltura el idioma del corazón será necesario poner la cabeza y el corazón al servicio del aprendizaje.
Las lecciones emocionales que se aprenden en la infancia se establecen como hábitos de vida en los años posteriores. De nada sirve hablar un idioma (o dos, o tres, o…) si en lo más esencial no sabemos comunicarnos.
Cada día es una oportunidad para mejorar el lenguaje del corazón.
Publicado en:
http://reparandoalasrotas.com/2016/01/el-lenguaje-universal-del-corazon/
Fuente: reparandoalasrotas.com