Un recorrido agradecido por lo que fui, lo que soy y quienes me acompañan
Imagen creada con la ayuda de la IA de Microsoft
18 marzo 2026
- A mí siempre ma ha gustado andar, pasear, no tanto viajar, pero sí me ha gustado y mucho, eso que llaman socializar.
- Ya de pequeño, en las fiestas familiares, me gustaba poner cara de bueno, siempre servicial, sonriente (lo heredé de mi abuelo Enrique), y con eso me "forraba", es decir, las moneditas me caían como si vinieran del cielo. Mi Madre no se lo acababa de creer: "Seguro que te han dado todas esas monedas" –me preguntaba sonriente a la vez que me daba un gran abrazo.
-En las misas de los domingos no me dejaban pasar el plato, el cura algo más endemoniado que el resto del mundo, me lo tenía prohibido porque no le caía bien. El personal pasaba por el banco de la familia para ver al niño sonriente y hasta hacían esperar al cura. Al cura se lo comían los demonios. Pero un día el cura no pudo venir porque tuvo que atender la sesión de las apologías en el tanatorio de la Siempre Viva (así se llamaba, creo recordar, el tanatorio de Barcelona más cercano y/o único de mi zona), ya que el funeral era de un alto Cargo del Movimiento Nacional (partido único de la época), y pasó que el diácono me puso a mí a pasar el plato y se recaudaron más de casi cincuenta pesetas, que en monedas chicas era una barbaridad.
- Pues bueno, ese niño se hizo mayor, hubo una época en que ya no era tan sonriente, pero seguí haciéndolo donde debía, es decir, en casa, en el trabajo, en las fiestas o guateques con los amigos y hasta jugando al fútbol (En la DAMM y en el RCDE), y digo que no era tan sonriente porque en aquel tiempo se trabajaba por la mañana, por la tarde ibas a la universidad, por las noches buscabas un hueco para ver a la novia y los fines de semana tenía tiempo para jugar al fútbol y convivir con mis amigos y con mi novia, la cual, felizmente, sigue conmigo.
- Terminé mis estudios a los 20, hice mis milicias universitarias a la vez que estudiaba (en Castillejos), a los veinte conseguí mi primer empleo (sólo he tenido cuatro en mi vida), a los veintitrés me casé y a los veinticuatro ya fui padre.
- Disculpad, no sé cómo he llegado hasta aquí escribiendo tanto en un día que parecía (como cantaba Serrat) que las musas habían pasado de mí, pero había un motivo para hacerlo. Y es que hoy, sin saber muy bien por qué, he sentido la necesidad de rendirle mi mayor y mejor homenaje a la vida. A la vida que me ha llevado de aquel niño sonriente al hombre que soy. A la vida que me ha regalado más de lo que jamás hubiera imaginado. A la vida que, en su misterio, me ha puesto siempre cerca de quienes más quiero. Y en esa vida, la primera, Ella. Después mis hijos, mis nietos, mi familia, mis amigos, todos los que han hecho de mi camino un lugar habitable, luminoso y lleno de sentido. Es por ellos —por vosotros— que hoy escribo. Porque si algo he aprendido en estos años es que la vida no se mide por lo que uno consigue, sino por lo que uno agradece. Y yo, hoy, sólo quería dar las gracias.
Fuente: elcaminoseestrecha.blogspot.com