03 octubre 2025
- Hoy no quiero escribir para entender, sino para confesar que hay cosas que no sé, que no entiendo, que no puedo comprender. Y no por falta de curiosidad, sino porque hay realidades que se me escapan por su crudeza, por su sinsentido, por su dolor.
- No entiendo la indiferencia que convierte al otro en sombra. No entiendo la soledad no deseada, esa que se instala como huésped en corazones que aún laten. No entiendo la crueldad, ni la guerra, ni los extremismos que se disfrazan de fe o de ideología. No entiendo la lujuria del poder, ese deseo insaciable de dominar, de poseer, de aplastar. No entiendo el desamor que se instala sin aviso, ni la violencia que se perpetra en nombre de nada. No entiendo la envidia que corroe, ni el tránsito del amor al odio como si fueran estaciones del mismo tren. No entiendo la falta de respeto a los mayores, ni la infidelidad que traiciona no solo pactos, sino memorias. No entiendo la vehemencia de la ignorancia, esa que grita más fuerte que la sabiduría.
- A veces me pregunto si nací en la cara buena del mundo, o si simplemente la cara mala nunca me gustó y por eso me acerqué poco o nada a ella. Pero ¿cómo saberlo si el mundo gira y nos arrastra a todos, incluso a los que quisimos quedarnos en la orilla?
- ¿Qué debería hacer el mundo para contrarrestar todo esto? ¿Bastaría con extirpar esos comportamientos al nacer, como quien elimina un gen defectuoso? ¿O es que el horror, cada vez más sublime, es parte de una evolución que no hemos sabido detener?
- No tengo respuestas. Solo preguntas que me acompañan como viejos amigos. Pero si algo puedo hacer, es escribir. Escribir para que no se olvide que hay quienes aún no entienden el odio, ni la crueldad, ni el abandono. Escribir para que se sepa que hay quienes aún creen que el amor, la ternura, la dignidad, pueden ser más fuertes que la indiferencia.
- Y si el mundo no puede extirpar el mal al nacer, que al menos aprenda a sembrar el bien cada día. Con gestos. Con palabras. Con memoria. Con manos que se tienden, no que se cierran. Con miradas que abrazan, no que juzgan. Con corazones que, aunque heridos, siguen creyendo que vivir es resistir con belleza.
- Concluiré con una cita de Rabindranath Tagore que parece escrita para esta reflexión invitando a la acción, a la esperanza activa, a no quedarse en la contemplación del dolor sino a buscar el modo de transformarlo: “No puedes cruzar el mar simplemente mirando el agua.”
Fuente: elcaminoseestrecha.blogspot.com