Un niño vuelve a toser pocos minutos después de usar el inhalador. Un adulto mayor asegura que el medicamento "no le hace efecto". La reacción más frecuente suele ser aumentar la dosis o pensar que el tratamiento falló. Sin embargo, en muchos casos el verdadero problema está en la forma de administrarlo.
Los inhaladores son uno de los tratamientos más eficaces para enfermedades respiratorias como el asma y la EPOC, pero su efectividad depende de la técnica. Un error durante la inhalación puede hacer que el medicamento quede en la boca o la garganta sin llegar a los pulmones.
Para Marco Antonio Cruz Duque, director del programa de Medicina y decano de la Facultad de Ciencias de la Salud y el Deporte de la Fundación Universitaria del Área Andina en Valledupar, el primer paso es entender que un inhalador no es un dispositivo de emergencia que solo debe aparecer cuando la persona apenas puede respirar. Se trata de un medicamento que forma parte de un tratamiento definido por un profesional de la salud y cuyo uso depende del diagnóstico y del tipo de enfermedad respiratoria.
No todos los dispositivos cumplen la misma función:
▪️Inhaladores de alivio: diseñados para calmar la tos, la dificultad respiratoria o el silbido en el pecho en el momento en que aparecen.
▪️Inhaladores de control: buscan mantener controlada la inflamación de las vías respiratorias y deben usarse de manera regular, incluso cuando el paciente se siente bien.
Esperar a que la dificultad respiratoria sea intensa representa uno de los errores más frecuentes. Cuando la obstrucción es avanzada, la respuesta al tratamiento es más lenta y el riesgo de sufrir crisis aumenta.
Niños y adultos mayores: retos diferentes
La técnica cambia según quien recibe el tratamiento. En los niños pequeños, el principal obstáculo es la falta de coordinación entre el disparo y la inspiración. En los adultos mayores suelen influir la pérdida de fuerza en las manos, artritis, temblores o capacidad respiratoria insuficiente.
Por esa razón, la edad no es el criterio para elegir el dispositivo, sino evaluar si la persona puede manipularlo y generar la fuerza necesaria.
Una de las mejores herramientas en estos casos es la cámara espaciadora. Este accesorio reduce la velocidad del aerosol, ayuda a que el medicamento llegue a las vías respiratorias y elimina la necesidad de coordinar el disparo con la respiración en los más pequeños. Sin embargo, una cámara mal utilizada o con fugas también reduce su efectividad.
Los errores más comunes al inhalar
Los fallos suelen parecer insignificantes, pero comprometen todo el tratamiento:
▪️Olvidar expulsar el aire antes de inhalar.
▪️Hacer el disparo demasiado pronto o demasiado tarde.
▪️Respirar muy rápido con inhaladores presurizados o muy suave con los de polvo seco.
▪️No sellar la boquilla con los labios o dejar que la lengua tape la salida del aerosol.
▪️Olvidar agitar el inhalador antes de usarlo o no revisar si el contador de dosis indica que está vacío.
▪️No enjuagarse la boca al terminar cuando el esquema incluye corticoides.
Señales de alerta para ir a urgencias
Es fundamental reconocer cuándo el tratamiento en casa deja de ser suficiente. En los niños se debe acudir al médico si hay hundimiento de costillas, uso exagerado del abdomen para respirar, somnolencia o coloración azul en los labios. En adultos mayores, la imposibilidad de terminar frases, confusión, dolor de pecho o agotamiento extremo son motivos de atención inmediata.
Si el medicamento de alivio no funciona según lo previsto, no se deben aplicar dosis de manera indefinida. En ese momento, la prioridad deja de ser ajustar la técnica y pasa a ser la atención médica urgente.
Un inhalador conserva su eficacia si se verifica constantemente que el paciente recibe el medicamento y no simplemente un soplo de aire.