15 septiembre 2025
- Tras un largo fin de semana compartiendo vida, humor, anécdotas, abrazos y sensaciones con la familia te das cuenta de que la vida (sin ser muy exigente), es bella y siéndolo añadiría que sin serlo es algo que igual que su belleza, puede ser variable, es decir, la vida es bella cuando parece serlo y como la maldita bola de la ruleta siempre acierta en blanco o en negro, pero nunca los dos colores a la vez.
- ¿Y por qué me siento así, es decir, por qué la vida me parece tremendamente bella ahora y ya no recuerdo cuando no lo fue?
- Tal vez sea que la belleza (real, impostada o imaginada), no solo adorna la vida, sino que la empuja, la transforma y la justifica. Influye en cómo caminamos, en cuánto deseamos seguir caminando. La memoria, caprichosa y selectiva, convierte los tropiezos en escenas dulces, y los fracasos, en cimientos de lo aprendido. No se trata de olvidar, sino de saber esconder sin negar. Como aquel niño que escribía cien veces “no copiaré en clase”, aprendemos a vivir sin repetir los errores, aunque los llevemos tatuados en la espalda. Perder la cabeza, dicen, es el adorno de nuestras gestas más memorables, y mientras aún recuerdas aquel primer fracaso en una pequeña obra de un lugar lejano, lo has convertido en la esencia misma de tu aprendizaje. Y así, sin alfombra roja, pero con la dignidad intacta, llegamos a esta etapa del viaje con la certeza de que la vida, por todo lo que fue y lo que aún puede ser, merece el adjetivo de bella. Y mientras siga siendo así, por mí, que no termine nunca.
Fuente: elcaminoseestrecha.blogspot.com