La vida de los sentidos es inexplorada o, a veces, inexplorable
17 noviembre 2018
Estaban todos como locos … “¿Y tú de qué vas a salir, Enrique ?” eso me ha dicho la minifaldera jovenzuela con cofia vintage en testa que sirve los cafés, mientras pasaba por mi lado como una exhalación. Levanto la vista y veo que el resto de okupas madrugadores estaban todos dispuestos y agolpados alrededor de la mesa que hay al fondo, a la izquierda del Ateneo, justo debajo del cuadro de la última cena de Juan de Juanes, (una bella litografía de inmenso tamaño y que la Loli lo trata como si fuera su altar pues muchas veces la hemos visto rezar ahí, arrodillada ante él). ¿Qué hacían allí? …
He estado un par de minutos esperando que pasara algo, pero nada, todos seguían allí, alrededor de la mesa del fondo y mi curiosidad iba creciendo, tanto que ya era mayor que la de Montero con mis ingresos pues no se cree que gane tan poco y viva tan bien…
Mi vanidad y mi fabricado, y estudiado, look de artista bohemio de la nada, (a la que nada le debe parecer importante más que el más vulgar de los trasnochados existencialismos), me impedía levantarme y marchar corriendo a fisgar en la mesa del fondo y averiguar de una puñetera vez el misterio de tal agolpamiento. Pero no, aún aguanté otro par de minutos más…
Fingiendo y apoyándome en mi teoría del mal hombruno, el prostático dlc, me levanté para ir a evacuar mi perjudicada vejiga urinaria y de paso – y de un modo mentirosamente casual – pasar por delante del tumulto y así lo hice…
Justo al pasar por delante de la aglomerada concurrencia, la Loli, precisamente, me coge del brazo y me lleva a primera fila ante lo expuesto en la mesa que no es otra cosa que un pequeño pesebre y una caja llena de trajes para una representación navideña, y tras unos segundos de silenciosa, aparatosa y emocionada magnificencia, me dice … “¿Y tú Enrique, de qué vas a salir? ¿Qué papel quieres? ¿Quieres el de Jesús niño o el de Rey Blanco? tú eliges”…
Vaya, resultaba que tal expectación lo era para fijar intérpretes para una representación teatral para los días previos a la Navidad en el salón de actos del Ateneo…
Pues bien, no resultó decepcionante, todo lo contrario – se me pusieron los ojos como siempre que me ponen la palabra Navidad en cualquier acto en los que tengo que decir algo – los miré a todos como si estuviera viendo a mis propios hermanos y, mientras pensaba que decir, por el escenario de mi imaginación empezaron a pasar todos aquellos seres a los que quiero, a los que ya se fueron y no están entre nosotros y a los que aún me soportan y, especialmente, a Ella … me sobrepuse, tragué saliva mientras pensaba que ese era uno de los momentos en que todo el mundo – y tú mismo – esperan que digas algo brillante y yo, dejando mi insignificante e inexistente soberbia aparte, (tras unos segundos de expectante silencio), dije … “Yo… yo … yo quisiera ser el Rey Blanco … es lo que he querido ser siempre desde que nací” …
Todos, tras otros largos y silenciosos segundos, comenzaron a aplaudir y vociferar, cual paganos favorecidos por el placer de los sentidos inexplorados … y yo me rendí a la evidencia de los suyos, de sus sentidos, de los de un mundo irreal y perfecto, al que todos, desde que nacimos para la vida que siempre hemos querido conocer, nos vuelve locos saber que existe.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com