............................................... Fotografía de Vadim Stein – 1967
24 septiembre 201/8/2016
Los sábados de madrugada, es decir, muy al final de los viernes la nuit y seguramente producido por la fuerza y bravura de la noche vivida, me da la neura de sentirme entre triste, depresivo, onírico, burdamente poético y felizmente lúcido, de modo que y aún a riesgo de ser tomado por un perverso bululú, decido negarme a aceptar que Don Ayer ya murió … con lo bello que fue.
Tras el primer café empiezo a enamorarme de Don Hoy y es que, seguramente, no lo puedo evitar. Me afecta el tiempo, el calor, el frío del ambiente, el entorno, el bienestar de mis más queridos, las circunstancias más desconocidas, el sol, la noche de mis sueños, el amor en modo cualquiera, la fuerza del viento, el querer de mis escasos amigos de pro, la lucha por la vida, el deber, el conocimiento, la responsabilidad, los deseos, la imaginación, la amistad sincera, la necesidad de vivir, mis libros, la búsqueda de software novedoso, mis comilonas, mis cafés de madrugada, mis paellas de arroces para la amistad, mi Paulaner dominical, mis percebes bien cocidos cuando los hay, mi dormir con una pierna en Londres y otra en California, mi amor por ella … mis sentimientos. Sin todos ellos, sin mis caprichos, sin mis distintos modos de sentir la vida, pero especialmente sin ella, más que probablemente, mañana no quisiera despertar. Por eso, por ello y sustancialmente por ella, empiezo a enamorarme de Don Hoy. Después de comer, si me porto bien, me lo voy a llevar a la cama a oír música.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com