La sabia, ingeniosa y ácida cultura popular, siempre atenta
14 septiembre 2018/2016
Comenzó la mañana de ese modo tan especial que suele ser cuando la temperatura baja dos grados … y me puse a “platicar”:
“Siempre creí que ser un Valdano, por ejemplo, o un Felipe González, también como ejemplo, era algo que se debía aprender. En cualquiera de las charlas que acudo, de un lado o de otro del estrado, tanto públicas como laborales, me encantaba, (y aún me encanta), hacer salir a los presentes, no siempre jóvenes, para que se levantaran, andaran y explicaran al grupo sus opiniones. Pero hoy es ciertamente preocupante el bajo nivel de expresividad oral de la mayoría de la gente de cualquier edad, pero especialmente la de nuestros jóvenes. ¿Tan ineficaces han sido, son y siguen siendo nuestros sabios conductores, tutores y constructores de la educación de nuestros jóvenes para no darse cuenta de ello? – Poned a lanzar un discurso a un novio en el convite, a un nieto en un entierro o a un guardia urbano a hacer un parte o una declaración ante un juez y sabréis de lo que hablo … para llorar.”
Más tarde, ya sin sol, la cosa no fue mejor:
En una charla informal de las que se producen en el Ateneo a eso de las ocho de la noche, le pregunté a un grupo de chicos estudiosos de la moral ajena, periodistas todos ellos de carrera y grandes entendidos en todo, si a alguno le sonaba de algo esta frase que puse en el tablero electrónico: “Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca”. Uno de los cuatro, solo uno, se me acercó y con gran petulancia, me dijo … “Sí, eso es de Neruda” … ¿Alguien más? – pregunté. El joven “periodisto” se molestó, tuve que contarle que Jorge Luis Borges no era chileno.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com