La razón es muy clara. En todos los otros juegos o hay leyes como "camino de hierro", inmodificables por sí mismos, o, como en el Póker y demás de naipes lo que "funciona" es la astucia o la "marrulla". Pero en el Ajedrez lo que sucede es que cada jugador es plenamente dueño de todas y cada una de sus decisiones y tiene que respetar "sí o sí" las del otro.
Concretando. Cada jugador tiene que saber "pa' donde va el otro"... según mueva...
Es AUTOMONO. Perdón. Plenamente autónomo.
Ello aunque parece superficial e insignificante, frívolo y despreciable, nos ayuda a entender “para qué sirve la fisolófia”; pues una vez encontrada una respuesta, comprendiéndola a plenitud, nuestro corazón NO se afana.
El Espíritu Santo nos aporta las respuestas, y no nos afanamos. Simplemente tomamos nuestras propias providencias, entonces.