17 abril 2018
Hace ya un par de años, junto a la primera taza de café del día, Manuel, un reencontrado amigo hospitalario, me decía , entonces, mas o menos, algo así:.
“Un día cualquiera tu cuerpo decide dejarte tirado en el camino y no tienes mas razón para vivir que esperar a que algo pase de inmediato. Entonces comienzas a darte cuenta de que te has convertido en transparente y echado en el saco de las amistades esquivas. En ese momento descubres cual es el verdadero peso de tus relaciones con los que te rodean”
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Esta mañana, en el Ateneo de las despedidas ilustres, me han contado que Manuel, murió hace una semana; que el mal de males se instaló, poco a poco, por todo su esqueleto en estos últimos dos años y lo devoró con más dolor del que debiera soportar alguien con ese mal; que a su sepelio solo fueron catorce personas entre amigos y familiares; que según, Arturo, que pudo enterarse a tiempo, murió feliz, cogido de la mano de su Nuria y de su hermano Paco que es cura en Barcelona … ; y que sus últimas palabras fueron para nosotros … “Dile a esos cabrones que me he ido de viaje, no les digas ni como, ni donde estoy ahora, que los añoro y que cuando llegue al sitio les daré razón de donde estaré … que les espero … les prepararé el mejor café del purgatorio”. ….
Lo curioso, pasó cuando Arturo terminó de contarnos la historia … solo dos lloraron, los demás tras un largo silencio … rieron con extrañas e histriónicas carcajadas, carcajadas heridas por el dolor, por el sentimiento, por la contrición, por esa palabra de “muerte feliz” que a todos nos hace derrumbarnos sin saber por qué. Manuel se fue … un café nos espera … ¿Un café feliz? … seguro que sí.
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Fuente: etf1949.wordpress.com