Hace una semana, tuve el agrado de formar parte de la reunión anual de "Periodistas Independientes, Palabra Popular" (PIPP). Este grupo de cuarenta periodistas bonaerenses, pertenecientes a diversos medios y partidos políticos, que mantienen relación directa y fluida entre sí y que llevan a cabo una reunión general anual, debate acerca de las problemáticas sociales, políticas, económicas y culturales que se viven en nuestra provincia y toda la República.
Luego de cada reunión, se elabora una lista de tópicos que se deberán tratar en los medios de comunicación a los que pertenecen los asistentes y además se redacta un extenso artículo común en el que se describe lo tratado en la convención y se anticipan algunos de los temas a tratar a lo largo del año.
Este grupo de personas que intentan ocuparse de la realidad social a través de la palabra y sin ningún interés externo de por medio, permiten creer que aún la corrupción informativa no ha vencido por completo.
Como mencionaba al principio, desde este año, tengo el honor de formar parte de dicho equipo de periodistas que trabajan por el bien social y la búsqueda de la verdad. Lamentablemente, el motivo de mi ingreso, es que Juan Larañet, prestigioso periodista e intelectual, y presidente de PIPP ha decidido reiniciar su vida en el sur de nuestro país.
El verdadero fin de este artículo, no es ensalzar a Juan, ni a ninguno, sino compartir la inmensa alegría de que aún hay periodistas que no se vendieron al mejor postor y que, todo lo que piensan y dicen, equivocados o no, lo hacen pensando en nuestra patria.