Siendo uno de los documentos más solicitados, no debería extrañarnos que la copia de la cédula sea el que encabece cualquier lista de requisitos. Desde la diligencia más sencilla, hasta el más complicado de los trámites realizados en territorio venezolano, exigirán en algún momento la presentación de este comprobante de nuestra ciudadanía. Pruebe a ver y nos cuenta luego, sobre una diligencia de cualquier naturaleza que no requiera del dichoso papelito para ser completada.
Todo comienza en la primaria. Más o menos como por el cuarto grado, más tardar el quinto, un día cualquiera la maestra anuncia solemnemente que se va a proceder a sacar la cédula de aquellos que no la tengan, y previa autorización de los padres y entrega de una fotocopia (otra más) de la partida de nacimiento, parten raudos los chicos a su primera cita con la nacionalidad. Claro, nada resulta más fastidioso que sacarse la cédula, y eso a pesar de las relativas facilidades que les dan en la actualidad a los más chicos y a los mayores. Bueno, si a ver vamos, todo trámite en una oficina gubernamental resulta, si no aburrido, por lo menos tedioso.
Luego de la cola, de las preguntas de la transcriptora y del tipo que te embadurna los dedos para sacarte lo que llaman “la dactilar”, sales al final con el flamante documento que te acredita como “venezolano”, lo cual te da derecho a transitar libremente por el territorio nacional, realizar contrataciones con el gobierno, o por lo menos a tenerlo para que a partir de ese momento empieces a sacarle fotocopias cuando te lo soliciten. Sin dejar que a uno se le enfríe el entusiasmo por tener una cédula a esa edad tan temprana, algunas madres previsivas le sacan la primera fotocopia a nuestra cédula, la plastifican, nos la entregan y guardan el original, no vaya a ser que en una travesura infantil la perdamos y vuelta otra vez a sacar el documento.
A veces he pensado que solicitar fotocopia de la cédula de identidad es una venerable tradición vernácula, tan criolla como hacer hallacas en familia, de la cual todos somos parte. Indudablemente, hay eventos significativos de nuestra vida que requieren la presencia indispensable del papelito, eso no se discute, pero uno mismo a ratos se pregunta qué tanta importancia tiene que gestiones a todas luces triviales, se vean condicionadas a la tenencia de la fotocopia de la cédula.
A todos nos ha pasado que en una reunión de amigos, al calor de dos o tres cervezas y en medio de la camaradería surgida entre los que hasta hace una hora eran unos completos desconocidos, alguno de los concurrentes diga que puede resolvernos un problema, conseguirnos un trabajo, y hasta darnos un triple ganador, con sólo facilitarle fotocopia de nuestra cédula. Lo mejor de todo es que en medio de la informalidad o el apuro, nunca nos faltará un facsímil de esta, medio arrugadito y todo, olvidado en un rincón de nuestra cartera, que sale triunfante a la luz con la radiante promesa de resolvernos la vida en el momento.