Buenas noches. Os leeré en silencio, pero, mientras llega otro iluminado recuerdo, os dejo aquí una de esas bloguerías que tanto me gusta repetir ...
07 octubre 2009
Como mañana va ser un gran día y ya es la hora golfa, “quasi” siempre me sube el sentir un poco más arriba de las luces del alma, veo todo mi entorno y mi espacio en gris claro y en un mundo muy, pero que muy lejano.
No alcanzo a comprender como se puede perder el tiempo en asuntos banales y de traperío hormonal constante. Esta cosa que nos han dado aquí es para hacerla servir, es para que la vivamos, para que se nos ocurra dedicarnos a sentir y a hacerla sentir.
Recuerdo que un día, tenía yo unos 9 años, Paquita y yo nos habíamos escapado al balcón que daba al Hospital de San Pablo, en medio de una fiesta familiar y mientras nosotros mirábamos los infinitos cielos que desde aquél balcón se podían ver, Ella me dijo; “No alcanzo a comprender hijo, como la gente se aburre tanto”, y yo le dije, Mamá; Parecen tristes pero ahí están y no hacen nada, ¿por qué será mamá? - Entonces ella se levantó, me dio un beso enorme y me dijo; “Hijo, se aburren porque no te tienen a ti”.