06 octubre 2013
Es terrible ver a la velocidad con que el reloj de los últimos años anda hurgando en las heridas que va dejando el implacable, el tiempo. Volver a la era juvenil es, por muy deseable que fuere, un imposible. Es mucho mejor acomodarse a saber vivir lo que falta aunque la idea se enrede, alguna vez, en la tenebrosa sensación de que algo se acaba. Nada como un domingo de los que ahora llaman, venialmente, esa dichosa juventud dorada, para disfrutarlo como si me tocara beberme la vida en unas horas. Me han dicho que muchos lo hacen y no les pasa nada por ello ¿verdad?
Feliz domingo.
Fuente: etfreixes.blogspot.com.es