Ante un mar humano de casi cuatro millones de jóvenes que colmaban la playa de Copacabana, el Papa Francisco cerró la Jornada Mundial de la Juventud 2013 con un llamado a llevar el Evangelio “a todos”, sin límites ni fronteras
Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
Queridos jóvenes
«Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos». Con estas palabras, Jesús se dirige a
cada uno de ustedes diciendo: «Qué bonito ha sido participar en la Jornada Mundial de
la Juventud, vivir la fe junto a jóvenes venidos de los cuatro ángulos de la tierra, pero
ahora tú debes ir y transmitir esta experiencia a los demás». Jesús te llama a ser
discípulo en misión. A la luz de la palabra de Dios que hemos escuchado, ¿qué nos dice
hoy el Señor? Tres palabras: Vayan, sin miedo, para servir.
1. Vayan. En estos días aquí en Río, han podido experimentar la belleza de encontrar a
Jesús y de encontrarlo juntos, han sentido la alegría de la fe. Pero la experiencia de este
encuentro no puede quedar encerrada en su vida o en el pequeño grupo de la parroquia,
del movimiento o de su comunidad. Sería como quitarle el oxígeno a una llama que
arde. La fe es una llama que se hace más viva cuanto más se comparte, se transmite,
para que todos conozcan, amen y profesen a Jesucristo, que es el Señor de la vida y de
la historia (cf. Rm 10,9).
Pero ¡cuidado! Jesús no ha dicho: si quieren, si tienen tiempo, sino: «Vayan y hagan
discípulos a todos los pueblos». Compartir la experiencia de la fe, dar testimonio de la fe, anunciar el evangelio es el mandato que el Señor confía a toda la Iglesia, también a
ti; es un mandato que no nace de la voluntad de dominio o de poder, sino de la fuerza
del amor, del hecho que Jesús ha venido antes a nosotros y nos ha dado, no algo de sí,
sino todo él, ha dado su vida para salvarnos y mostrarnos el amor y la misericordia de
Dios. Jesús no nos trata como a esclavos, sino como a hombres libres, amigos,
hermanos; y no sólo nos envía, sino que nos acompaña, está siempre a nuestro lado en
esta misión de amor.
¿Adónde nos envía Jesús? No hay fronteras, no hay límites: nos envía a todos. El
evangelio no es para algunos sino para todos. No es sólo para los que nos parecen más
cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para todos. No tengan miedo de ir y llevar
a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece
más lejano, más indiferente. El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de
su misericordia y de su amor.
En particular, quisiera que este mandato de Cristo: «Vayan», resonara en ustedes
jóvenes de la Iglesia en América Latina, comprometidos en la misión continental
promovida por los obispos. Brasil, América Latina, el mundo tiene necesidad de Cristo.
San Pablo dice: «¡Ay de mí si no anuncio el evangelio!» (1 Co 9,16). Este continente ha
recibido el anuncio del evangelio, que ha marcado su camino y ha dado mucho fruto.
Ahora este anuncio se os ha confiado también a ustedes, para que resuene con renovada
fuerza. La Iglesia necesita de ustedes, del entusiasmo, la creatividad y la alegría que les
caracteriza. Un gran apóstol de Brasil, el beato José de Anchieta, se marchó a misionar
cuando tenía sólo diecinueve años. ¿Saben cuál es el mejor medio para evangelizar a los
jóvenes? Otro joven. Éste es el camino que hay que recorrer.
2. Sin miedo. Puede que alguno piense: «No tengo ninguna preparación especial, ¿cómo
puedo ir y anunciar el evangelio?». Querido amigo, tu miedo no se diferencia mucho del
de Jeremías, un joven como ustedes, cuando fue llamado por Dios para ser profeta.
Recién hemos escuchado sus palabras: «¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar,
que sólo soy un niño». También Dios dice a ustedes lo que dijo a Jeremías: «No les
tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte» (Jr 1,6.8). Él está con nosotros.
«No tengan miedo». Cuando vamos a anunciar a Cristo, es él mismo el que va por
delante y nos guía. Al enviar a sus discípulos en misión, ha prometido: «Yo estoy con
ustedes todos los días» (Mt 28,20). Y esto es verdad también para nosotros. Jesús no
nos deja solos, nunca les deja solos. Les acompaña siempre.
Además Jesús no ha dicho: «Ve», sino «Vayan»: somos enviados juntos. Queridos
jóvenes, sientan la compañía de toda la Iglesia, y también la comunión de los santos, en
esta misión. Cuando juntos hacemos frente a los desafíos, entonces somos fuertes,
descubrimos recursos que pensábamos que no teníamos. Jesús no ha llamado a los
apóstoles a vivir aislados, los ha llamado a formar un grupo, una comunidad. Quisiera
dirigirme también a ustedes, queridos sacerdotes que concelebran conmigo en esta
eucaristía: han venido para acompañar a sus jóvenes, y es bonito compartir esta
experiencia de fe. Pero es una etapa en el camino. Sigan acompañándolos con
generosidad y alegría, ayúdenlos a comprometerse activamente en la Iglesia; que nunca
se sientan solos.
3. La última palabra: para servir. Al comienzo del salmo que hemos proclamado están
estas palabras: «Canten al Señor un cántico nuevo» (95,1). ¿Cuál es este cántico nuevo?
No son palabras, no es una melodía, sino que es el canto de su vida, es dejar que nuestra
vida se identifique con la de Jesús, es tener sus sentimientos, sus pensamientos, sus
acciones. Y la vida de Jesús es una vida para los demás. Es una vida de servicio.
San Pablo, en la lectura que hemos escuchado hace poco, decía: «Me he hecho esclavo
de todos para ganar a los más posibles» (1 Co 9,19). Para anunciar a Jesús, Pablo se ha
hecho «esclavo de todos». Evangelizar es dar testimonio en primera persona del amor
de Dios, es superar nuestros egoísmos, es servir inclinándose a lavar los pies de nuestros
hermanos como hizo Jesús.
Vayan, sin miedo, para servir. Siguiendo estas tres palabras experimentarán que quien
evangeliza es evangelizado, quien transmite la alegría de la fe, recibe alegría. Queridos
jóvenes, cuando vuelvan a sus casas, no tengan miedo de ser generosos con Cristo, de
dar testimonio del evangelio. En la primera lectura, cuando Dios envía al profeta
Jeremías, le da el poder para «arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para reedificar
y plantar» (Jr 1,10). También es así para ustedes. Llevar el evangelio es llevar la fuerza de Dios para arrancar y arrasar el mal y la violencia; para destruir y demoler las barreras
del egoísmo, la intolerancia y el odio; para edificar un mundo nuevo. Jesucristo cuenta
con ustedes. La Iglesia cuenta con ustedes. El Papa cuenta con ustedes. Que María,
Madre de Jesús y Madre nuestra, les acompañe siempre con su ternura: «Vayan y hagan
discípulos a todos los pueblos». Amén.
Fuente: www.aciprensa.com