21 julio 2017
– Ella estaba ahí, con su bikini blanco, morena como la miel de caramelo, frente al mar, su mar.
– Él la miró, su espalda era preciosa como un arte egipcio, un aire seductor irreductible, y un gesto sublime de estar esperando a que el sol magullara sus sienes en el calor de un agosto enloquecedor.
– Ella le oyó llegar.
– Él se puso a su lado, muy junto a Ella, como si no le prestara atención.
– Ella salió de su letargo, se volvió hacia él y le regaló una sonrisa, al tiempo que él se volvía para admirarla si ningún gesto adictivo pero mostrando una infinita admiración.
– Los dos compartieron ese momento que se convirtió en largo y corto, a la vez. Se preguntaron casi al mismo tiempo … ¿Nos conocemos?
– Los dos rieron, cruzaron miradas ingenuas y perversas a la vez, dados sus muy recientes diecisiete y formularon preguntas sin respuesta el uno hacia el otro … se sentaron en la arena, siempre mirando al mar, robándose miradas, palabras amables, hasta que él le preguntó: ¿Vendrás mañana?
– Siete años más tarde Ella y él se casaron y hoy, más de cincuenta años después siguen amándose como siempre.
Ciertas o no, por muy parecidas que parezcan a otras, son historias que me gusta contar.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com