07 febrero 2017
Tenía un grave problema. Caligrafía, un 3, esa era mi nota en el fin del primer trimestre del 55/56. Mi padre montó en cólera y me hizo escribir en un papel. Se dijo: No puede ser, hijo, tienes una muy buena letra. Mi padre se atrevió a acercarse al Colegio, (Obispo Irurita), y le preguntó a mi querido profesor sobre la nota, el cuál le enseñó a mi Padre el cuaderno de caligrafía y se quedó asombrado al ver lo horrorosamente mal que estaba mi caligrafía. Mi Padre me miró muy colorado, y me preguntó; Qué pasa aquí, Enric, hay dos trazos en cada letra, como si la hubieras repasado? - Me pidieron que escribiera en una hoja en blanco y vieron que mi letra era perfecta - Ambos se miraron y me preguntaron por qué había dos trazos en el cuaderno, en cada letra - Con la cabeza gacha les dije; Es que termino enseguida y el maestro nos dice que los que hayamos terminado que repasemos y yo es lo que hago, vuelvo a escribir sobre la misma letra. Ambos se volvieron a mirar, se rieron y a mi me pusieron un 9 en Caligrafía.
Entonces había 60 ó100, alumnos por clase y aunque no era excusa, el maestro entonó su mea culpa y mi Padre se deshizo en elogios hacia el Maestro por su capacidad de reacción. Eran otros tiempos, no sé si mejores, pero fueron los nuestros.
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