Fotografía de Brassaï – Deseo Inmaterial
18 enero 2017
De joven nunca creí que había un mundo de viejos y tan sólo, para los viejos, pero es tremendamente vital y a veces cruel, reconocer que existe cuando lo eres.
Una prueba más de que la estupidez humana existe y que viene ligado a lo del reconocimiento de su existencia, es que lo que llamamos … “Cosas de viejos”, es que, finalmente y al borde de la verdad existencial, descubrimos que eso es cierto … como lo de que el agua que llueve acaba en el mar o en algo útil, ambas cosas, aunque no sepas valorarlo de joven.
Nada es lo mismo de lo que valoramos con el puño en alto en los 60 … pero debiera serlo ¿Verdad? Nunca debiéramos perder el idealismo … aún y de cualquier color, eso es ser progre y no lo que representan otras formas de inevitable inconformismo juvenil … necesidad crea, abundancia destruye ¿Verdad? … esa es la base de la esencia histórica de los cataclismos sociales y morales, de la humanidad.
Disculpadme … hoy estuve, como invitado, en un curso/charla, sobre el génesis de la protesta juvenil en una Universidad amiga y aunque me aplaudieron, lo hicieron más por aquello de que les haces llorar por lo que podrían ser más que por lo que les cuentas … son jóvenes, un mal que el tiempo, con suerte, acaba curando. Les hablé de la genética del ego, del trandescentalismo y de ideas sencillas sobre los conceptos primarios tales como la ignorada fidelidad, el altruismo, y hasta del propio idealismo inmaterial. Aplaudieron, sí, mucho, pero lo mejor fue cuando una de las jóvenes y atentas oyentes, al final del circo conferencial y retórico, se me acercó y muy sonora y hasta soberbiamente me preguntó: “¿Que ha querido decir usted con eso de Idealismo Inmaterial?” – No le contesté como merecía, claro, no lo hubiera entendido, solo le dije: “No te responderé porque aunque lo sabes, lo ignoras. La inmaterialidad es algo que solo se concibe cuando no hay deseos tangibles. Dentro de cuarenta años lo comprenderás y entonces, si aún hay aulas donde hacerlo, lo cuentas tú a los veinteañeros de la época”. La cara de la soberbia niña, y lo era en todos los sentidos, era para pintar, tomando a ella como modelo, un cuadro de Matisse.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com