El sirio que fue ejecutado y vivió para contarlo

 
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Mohamad Alí trabaja en una estación de gasolina en el sur de Turquía. Su empleo es monótono, los clientes casi ni se dan cuenta de que existe.

El sirio que fue ejecutado y vivió para contarlo

Pero este hombre que vende papitas fritas tiene una de las historias más impresionantes del conflicto en Siria.
Es imposible verificar lo que me dijo de manera independiente, al igual que cualquier testimonio dado por refugiados que tuvieron que abandonar sus hogares por sus propios medios, sin documentos de identidad o fotografías.
Durante el mes sagrado islámico del Ramadán en agosto de 2012, asegura que decidió viajar de Beirut, donde trabajaba en ese momento, a visitar a su familia en un pueblo del norte de Siria.
Un día necesitó provisiones, por lo que tuvo que ir a Aleppo.
"Fui a comprar una tarjeta Sim para un celular", recuerda.
"Me detuvieron en un puesto de control. "Los hombres armados (simpatizantes del gobierno) me preguntaron de dónde era. Me pidieron mi pasaporte e identificación. Me quitaron todo: mis teléfonos, mis anillos de oro. Me metieron en la maleta de un auto, donde ya habían cuatro personas. Nos llevaron a un edificio de la inteligencia de la fuerza aérea".
"Luego de tres días sin agua ni comida, bien tarde en la noche, los sujetos armados nos dijeron que nos llevarían a otra estación. Nos pusieron a todos en un auto, éramos 21. Nos condujeron a un área desierta".
Volvió a nacer
Mohamad pudo ver a través de la venda con la que le taparon los ojos.
"Nos arrodillaron a los 21. Comenzaron a disparar. Me desmayé una vez abrieron fuego. Desperté unos 10 a 15 minutos después y vi como los hombres armados se iban en el auto. Vi que todos a mi alrededor estaban muertos".
Mohamad estaba seriamente herido.
"Me dieron cinco tiros", mostrando cada una de las heridas. "Una de las balas impactó en mi oreja, otra en mi hombro, dos en las piernas y otra en la cadera".
Se arremangó el pantalón para mostrar las heridas en su tobillo.
"Me levanté y comencé a caminar, pero me caía cada diez minutos. Toqué una puerta y una mujer respondió 'No hay nadie más aquí, trata en la otra casa'".
"Cuatro hombres abrieron la puerta, tenía miedo de decir que fuerzas de inteligencia me habían disparado, en caso de que trabajaran para el régimen. Por eso les dije que que me habían disparado y se habían llevado todo mi dinero".
"Me preguntaron: '¿A dónde quieres que te llevemos?' Les dije: 'A donde sea, estoy sangrando desde hace dos horas'".
Mohamad fue llevado a un hospital. Tras recuperarse, cruzó ilegalmente la frontera entre Siria y Turquía donde ahora trata de ganarse la vida como puede.
Antes de la guerra tenía un trabajo bien remunerado como costurero. Ahora duerme en un colchón en el piso en una habitación al lado de la caja registradora de la estación de gasolina. La habitación no tiene ni una silla.
"No tengo ningún plan ahora", dice. Quiere regresar a su antiguo empleo donde confeccionaba ropa, pero necesita documentos para demostrar su identidad.
Ahora le sobra el tiempo para reflexionar sobre asuntos que lo angustian: ¿Qué hará con esta segunda vida? ¿Por qué sobrevivió cuando otros 20 murieron?
"No lo sé", dice sonriendo. "Quizás es porque pude resistir los disparos. En el Islam creemos que nadie muere antes de tiempo. Quizás no era el mío para morir".

Fuente: www.bbc.co.uk
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