SILENCIO, SECRETO Y DISCRECION
Una de las enseñanzas fundamentales de lo esotérico y que en principio critican los aprendices, precisamente porque acaban de llegar del bullicioso mundo profano “de las tinieblas del mundo exterior ” en donde están acostumbrados, según su rango y posición social, a hablar y expresar libremente sus ideas, es la disciplina del Silencio con la cual la tradición pretende que sus adeptos se hagan más bien pensadores que habladores, en el entendido de que “quien habla mucho piensa poco, ligera y superficialmente ”; mientras que quien “medita mucho, habla concreta, pausada y profundamente”.
La tradición entiende, siguiendo aquel aforismo “Veritas nimium altercando amititur” que no se llega a la verdad con muchas palabras y discusiones sino más bien a través del estudio, la reflexión y la meditación silenciosa.
Por eso las cualidades básicas del Aprendiz constituyen un ternario en la vida del iniciado que implica:
1. Prudencia para investigar
2. Perseverancia para meditar, y
3. Concentración para comprender Para el buen Aprendiz, aprender a callar es aprender a pensar, intuir y meditar haciendo uso de lo que algunos llaman la sabia contención, virtud que antecede a la sabia expresión; para lograrlo, es indispensable recurrir a la ascesis del Silencio, como Silencio creador que permite en el desarrollo del ritual, armonizar nuestra conciencia con el mundo y con todo aquello que lo conforma, en aras no simplemente de conocerlo, sino de comprenderlo debidamente.
Saber callar es tan importante como saber hablar, e incluso en muchas oportunidades es más importante callar, pues la tradición entiende que si bien la palabra es de plata, el Silencio es de es oro; y para poder aprender debidamente el arte de la oratoria a la perfección, es necesario adiestrarse debidamente en el arte del Silencio “rectificando con el espíritu de la reflexión todas las expresiones verbales instintivas que nos traicionan, propias del hombre Profano”
Ese espíritu de la reflexión es el que permite al iniciado la comprensión del ternario filosófico del silencio:
1. Observo, dudo y concluyo
2. Concluyo, observo y dudo, y
3. Dudo, medito y descubro.
Así pues, el Silencio, si bien en algunos casos es un Silencio forzado, impuesto por las Ordenes iniciáticas y aceptado voluntariamente por quien quiere hacerse partícipe de los misterios, no convierten a sus adeptos, como creen algunos, en un cuerpo inerte, desnudo y abandonado, minimizado ante y por sus hermanos; por el contrario, lo prepara para ser un cuerpo investido con la toga del entendimiento que lo alienta al conocimiento de sí mismo y de aquel conocimiento que adquiere a través de sus congéneres.
Así pues, el masón desde sus inicios cultiva primero el arte del Silencio, el arte del Secreto y de la Discreción, ternario del aprendizaje que nos permitirá acceder a la luz iniciática, teniendo presente que no hay hombre más noble que el iniciado o la iniciada que silenciosa, secreta y discretamente sirve a sus luces, siempre que se convierta el mismo en luz para sus semejantes.