Aunque los argentinos abusan del triunfalismo, característica habitual además del gobierno de CFK, esta vez no le convendría festejar demasiado por la decisión favorable del Tribunal de Apelaciones de Nueva York. Justamente, una medida de amparo que congela los tiempos, lo mismo que la presidenta ha criticado tantas veces aquí con la peyorativa frase de "la justicia cautelar".
La Casa Rosada ha ganado otra vida para tratar de cerrar los canjes de 2005/10, sin caer en default técnico y podrá pagar el vencimiento del 15 de diciembre. Conviene recordar que la Argentina perdió el juicio contra los que no entraron en esas dos instancias, aunque en la resolución parcial de la cuestión han influido los argumentos de racionalidad que expusieron, con el agua al cuello, los negociadores.
Fue importante ofrecer la reapertura del canje con el acompañamiento de muchos opositores que entendieron el momento. También deben haber jugado a favor de la Argentina los bonistas que entraron al canje. Lo que se le había sugerido al gobierno hacer con anterioridad, obligar a que los holdouts cobraran lo mismo que los que habían entrado a las reestructuraciones, fue la salida de emergencia.
Aunque la Argentina salga momentáneamente airosa del brete en que la puso Thomas Griesa, es cada vez más claro que la insuficiencia de divisas será una constante en los próximos años. La vuelta de esa restricción ya se había manifestado a fines de 2011 y disparó la oleada de medidas con la que el gobierno de Cristina no hizo sino ahondar el problema.
El gobierno intenta disimular la escasez de dólares con abundancia de pesos que, al no ser convalidados por la demanda del público, se traducen en inflación. El nudo es difícil de desatar, más aún si el gobierno insiste en afirmar lo falso y negar lo evidente. Por caso, CFK ha dicho que el "cepo cambiario" es una "creación mediática", como vendría a probar el hecho de que las salidas de argentinos al exterior ya superan el ingreso de turistas extranjeros a la Argentina.
Si es por dar cifras, la presidenta podría ser aún más específica: en los primeros nueve meses de 2012, el balance neto de divisas turísticas fue deficitario por primera vez desde el fin de la convertibilidad, y en nada menos que 2.255 millones de dólares, precisa un estudio de Ecolatina. Lo que se le escapa a la presidenta es que ese fenómeno se debe a que la Argentina se ha vuelto cara en dólares.
La segunda reapertura del canje de deuda, luego del ocurrido en 2010, comienza a aparecer en el horizonte como una salida al embrollo, aunque todavía es prematuro anticipar si los tenedores de bonos aún en default estarían dispuestos a aceptarlo. Todo indica que no porque inversores y abogados se han envalentonado con el resultado del embargo a la fragata Libertad y con la sentencias neoyorkinas.
A esta situación se llegó por la impericia de los asesores jurídicos del Gobierno nacional, que dejaron a la Argentina en un callejón sin salida. La debilidad de la posición argentina radica en el hecho de que en los canjes se cedió soberanía y hay bonos que reconocen a los tribunales neoyorquinos como sede ante cualquier disputa.
Por eso interviene Griesa, un juez de origen republicano que, en 1973 y recién designado por la Administración de Richard Nixon, no dudó en tomar una denuncia del Partido Socialista estadounidense contra ese presidente que, al profundizarse, descorrió el velo sobre el escándalo de Watergate. Una clara evidencia de que el magistrado no es la persona que demonizan los intelectuales K.
Estos 90 días deben utilizarse para que la Argentina revea el proceso y su posición frente a las sentencias ya dictadas -en los hechos la Argentina fue condenada a pagar-, al tiempo que deben servir para que el gobierno evalúe cual es el costo menor para el país. Mientras tanto, el tiempo transcurre y los millonarios honorarios de los abogados, también, aunque el accionar de los letrados resultó determinante para una y otra parte.
En la actualidad, el proceso está centrado en la puja entre los "holdin" y los "holdouts" y en una lucha titánica entre dos prestigiosos abogados del foro estadounidense que mantienen una histórica rivalidad. Los bonistas que entraron en el canje y lograron la cautelar contrataron los servicios profesionales de David Boies mientras que los holdouts contrataron a Ted Olson.
Boies y Olson protagonizaron uno de los litigios más famosos de la historia de los Estados Unidos como fue la elección presidencial de 2000 que se dirimió en la Corte Suprema, a favor del republicano George Bush (h), representado por Olson, frente al demócrata Al Gore, representado por Boies. Por esos servicios, Bush designó a Olson como Procurador General.
Sin embargo, sus vínculos con los republicanos se remontan a los '80 cuando fue asesor legal del ex presidente Ronald Reagan durante el escándalo Irán-Contras. Boies está cerca de los demócratas y colaboró con la administración Clinton en la demandas contra Microsoft acusada de violar la ley antimonopolio y en descubrir los escándalos financieros de la década pasada.