!!!SI!!!!. A los tejedores de sudarios

 
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Los colombianos empezamos a pronunciar la palabra SI, sin miedo, sin titubeos, sin sentir que con nuestro asentimiento le estamos haciendo el juego a la impunidad. Y, por el contrario, quienes aún se empeñan en el No empiezan a sentir que su negativa es condenar a las siguientes generaciones a una guerra dolorosa y larga. Por eso son cada vez más los colombianos que se unen al Sí, que han entendido que el fin del conflicto es simple y sencillo: en las urnas. Sin una bala, sin un muerto, sin la zozobra de esperar un cadáver en casa.



Nos llegó ese momento histórico que siempre nos pareció fabula, lejano, distante, imposible o, simplemente, ajeno a nuestra patria. Hay regocijo en las calles, en el campo, en las ciudades, en los hogares donde antes únicamente existía la percepción de la muerte y el azaroso sentimiento del dolor. Hoy la palabra Paz se confunde con ese bello poema de Carlos Castro Saavedra pues ya los tejedores de sudarios oyen llorar a Dios entre sus almas. Y entendemos entre sus palabras que la venganza está lejos de la justicia y que la espada que usa la justicia aunque desnuda se conserva casta. Podemos empezar a dormir en paz pues en las noches los fusiles no despertarán más a nuestros hijos con su tartamudo hablar…

Cada vez es más grande el eco del SI, de querer terminar de una vez por todas con esta asesina guerra que nos quitó amigos, vecinos y hasta amores. Y como la palabra paz también se canta, entonemos sencillamente ese bello poema “El camino de la patria” de Carlos Castro Saavedra que nació y murió entre la guerra clamando a los verdugos el cese insistente de sus odios. Y lo que parecía para su generación un imposible hoy empieza a ser cotidianidad, podremos salir a pescar en las noches sin el temor de caer en las redes de la propia muerte.

Para que se cante y se declame en escuelas, colegios y hogares nos limitamos a recordar las palabras de este poeta que recorrió los caminos del exilio y que murió y vivió implorando en sus continuos pasos la presencia invisible de su ángel de la guarda por cuanto le tocó escribir siempre con sangre viendo a los verdes campesinos colombianos caer como los días de la semana, abaleados y lóbregos sin semilla entre sus manos. Vivió entre las llamas de Colombia soñando los amaneceres que hoy se anuncian con sus pies de vidrio pues anunció la música y el día sobre toda la tierra colombiana.


Camino de la Patria

Cuando se pueda andar por las aldeas y los pueblos, sin ángel de la guarda.
Cuando sean más claros los caminos y brillen más las vidas que las armas.
Cuando los tejedores de sudarios oigan llamar a Dios entre las almas.
Cuando en el trigo nazcan amapolas y nadie diga que la tierra sangra.

Cuando la sombra que hacen las banderas sea una sombra honesta, y no una charca.
Cuando la libertad entre a las casas con el pan diario, con su hermosa carta.
Cuando la espada que usa la justicia aunque desnuda, se conserve casta.
Cuando reyes y siervos, junto al fuego, fuego sean de amor y de esperanza.

Cuando el vino excesivo se derrame, y entre las copas viudas se reparta.
Cuando el pueblo se encuentre, y con sus manos deje el mismo sus sueños y su manta.
Cuando de noche grupos de fusiles no despierten al hijo con su habla.
Cuando al mirar la madre, no se sienta dolor en la mirada y en el alma.

Cuando en lugar de sangre, por el campo corran caballos y flores sobre el agua.
Cuando la paz recobre su paloma y acuda los vecinos a mirarla.
Cuando el amor sacuda las cadenas y le nazcan dos alas en la espalda;
solo en aquella hora podrá el hombre decir que tiene ¡Patria!


Pablo Emilio Obando
peobando@gmail.com




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