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Si nada repentino ocurre, es decir " un accidente o una enfermedad grave " me quedarían mas o menos veinte años de seguir respirando. Me guío por las esquelas de un santuario de personas que se han ido y que empapela la esquina donde se encuentra el banco. No es mucho tiempo o puede ser el mejor de todos para conocer todos aquellos lugares que me voy a perder si la Primitiva no hace su milagro. Esa es la ira que no me deja en paz. El momento en que me da la sensación de haber malgastado un tiempo hoy perdido e irrecuperable en una filosofía equivocada. No me refiero a lo vivido que es mucho y de todo. Hablo del modo en que lo viví. La filosofía que se aplicaba entre los 60 y los 90 para hablar de los logros personales y que te hacían persona grata en cualquier tribu, en cualquier familia etc. Eso si los objetivos de tu hazaña laboral, tu futuro, ya te venía impuesto por los pantalones de la casa sobre todo. Ahora entiendo mejor a todos aquellos que no sucumbieron a este teatro fugaz y se aplicaron otra manera de entender el mundo y el propio YO y se convirtieron en " los raros " para todos los demás. Yo quería ser uno de ellos. Hoy no me siento viejo, ni apagado. Tal vez pueda ser que poco a poco nuestro engranaje va teniendo el desgaste propio de mas de medio siglo y la impotencia de quien se siente vivo y le gusta esa sensación y tal vez no sabe porque. Pero es muy sano aprender a canalizar bien todas estas nuevas vibraciones que uno va teniendo a medida que baja la cuesta. Precisamente, mi estimado y querido diario, quiero contarte algo sobre esto: SIGUE LEYENDO
Fuente: imanolgomez.blogspot.com.es