La Memoria en el Arte

 
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El murmullo oceánico arrullaba nuestra barca y la noche estrellada la cobijaba con la suave brisa de los vientos inquietos. Las horas eran lentas en compañía de la Rosa, no sé si por la suavidad de voz o por la profundidad de la mirada fija en la Estrella que apenas había recorrido cuarenta grados de su recorrido celeste y “aún no había alcanzado el esplendor habitual” como dijo el sextante.

La Memoria en el Arte

Aquello de capturar las imágenes superiores había atraído poderosamente mi atención, creí de pronto que aquel lugar donde todo aquello se “guardaba” era como el cofre del tesoro donde encontraría el corazón de mi madre y sentía mucha curiosidad por saber si aquella estrella a la que seguíamos nos llevaría hasta el cofre, allí en ese lugar. La Rosa se rió con elegancia.

-Lo que buscas está en tu interior, y en el interior de todas las cosas. La psique es más antigua de lo crees y ha creado en su devenir su propia historia y su propio lenguaje. Veo en tus ojos el fuego de la voluntad y los cálidos sentimientos en tu corazón y por ello te lo diré: El Lugar al que quieres llegar se llama Mimir, tiene tres guardias y nueve caminos te llevan hasta él. La imaginación mi niña, es sólo una herramienta, una habilidad que has de cultivar todos los días para poder conocer el camino. La imaginación y la creatividad son el primer escalón de esta gran Ley… Tu viaje ni siquiera ha empezado. No creas, joven artista, que con pintar bodegones bonitos o esplendorosos retratos tus manos han alcanzado siquiera la virtud de la inmortalidad; o que con repetir frases disonantes entre sí en medio de ritmos apenas elaborados has alcanzado la cumbre la música; o con escribir versos “interesantes” ya has logrado los laureles de la poesía. Por amor a ti mismo, no te engañes… Han sido la sirenas quienes te embaucaron, te han comprado con dólares, con fama y con orgullo… ¿Dónde quedó la imaginación?… ¿Dónde encuentro inspiración?… ¿Dónde puede sobrecogerse mi alma en la contemplación de la belleza?… ¿Dónde puedo recurrir en mis momentos de debilidad en la búsqueda de fuerza y valor?… ¿Dónde se canta a las héroes y se alaban sus hazañas?… ¿Dónde se pintan y se esculpen sus pruebas y victorias?… ¿Dónde, mi estrella, dime, dónde?…

Aquel lamento de la Rosa caló en lo profundo de mi alma, el brillo de su lágrima despunto en los albores de sus platinas pestañas y la regresó a su humilde forma. Yo comprendía su lamento y pensé profundamente en sus palabras. Lo que ella buscaba también lo anhelaba mi corazón.
Descubrí que Mimir es la fuente de la Memoria. Carl Jung nos ofrece un excelente estudio sobre su teoría del Inconsciente colectivo, que yo me atreveríaa llamar Memoria Colectiva. Partimos de la idea que la psique tiene su propia historia y que durante todos estos siglos de humanidad ha conservado, guardado y almacenado contenidos e imágenes que se representan por medio de los Símbolos. Los símbolos son canalizaciones de las Imágenes Superiores. Éstos funcionan como transformadores, pues elevan la psique de un estado inferior a otro superior. El símbolo contiene un numen y se expresa en virtud de éste mismo. La vivencia del símbolo transforma y transmuta a quien lo vive. Un artista capaz de canalizar los símbolos alegóricos en la poesía, la música, la danza, el teatro, la escultura, la pintura, el gravado, la orfebrería o la cerámica jamás vuelve a ser el mismo de antes, nace en él una nueva consciencia y se produce naturalmente una fé, la sincera convicción en realizar lo imposible, un amor capaz de superar cualquier obstáculo y la férrea voluntad en la tenacidad de ser fiel a si mismo y al camino que se ha elegido, no porque me compren o venda, no porque me guste… Si no porque esto soy yo y este es el camino que elegí… Nace la más sincera vocación.

Y entonces existe una constante entre lo que fui, entre lo que soy y lo que seré. Por ello las guardianas de la fuente son tres: el presente, el pasado y el futuro. La constante es la eternidad o la inmortalidad. Lo que fui, lo que soy y lo que seré se funde en un solo Ser. Ese Ser, soy yo.
La Fuente, el Mimir o la Dama Mnemósine de los griegos, es aún es un poción lejana. Es un Símbolo muy profundo y elevado, al que no podemos llegar si no a través de las pruebas de sus nueve hijas: Las Musas, ellas son los nueve caminos de acceso que debe recorrer el Artista que se decida y comprometa a trabajar por Arte, que se reconozca a sí mismo como una herramienta para la evolución del pensamiento y la conciencia de sí mismo y de sus hermanos. Éste no es camino para vendedores de Arte, si te contentas con crear y vender piezas al mejor postor, vuélvete y regresa por dónde viniste… Existen muchas otras formas para ganarse la vida, más dignas que venderse a sí mismo.

El numen de las Musas pone a prueba el Alma del Artista, ellas modelan con cincel y maza, y templan con fuego la Voluntad del que ha elegido seguirlas, por eso me temo, son muy pocos quienes llegan a comprenderlas. Por fortuna, tenemos maestros ejemplares a quienes seguir, El Salvador, ha sido cuna de grandes y profundos artistas. Vio nacer a Masferrer, a Claudia Lars y Salurrué, las pruebas en sus vidas no fueron pequeñas, ni tampoco las dificultades que atravesaron por defender la lealtad a sí mismos. El camino de las Musas no es sencillo, me dedicaré a su estudio y escribiré lo que pueda vivir por mí misma, es todo lo que puedo ofrecer, pues con lo único que cuento con la herramienta de la imaginación que me permite “embarcarme” en este viaje y ver “lo invisible a los ojos”.

Bitácora. Hoy fijamos rumbo hacia Memósine.
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