Carnaval de Pasto (Colombia), paraíso de lo soñado

 
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Enero 6 del 2015, día esperado por todos en la muy noble y leal ciudad de Pasto, (Colombia). Es sin duda el día más espectacular del año. La luz del sol aparece temprano en el oriente. El volcán Galeras se levanta majestuoso, brillante. Su cima imponente parece arder con la intensa luz del cielo ecuatorial. Buen presagio de carnaval.

 Carnaval de Pasto (Colombia), paraíso de lo soñado

Julián Bastidas, viernes, 1 de enero de 2016. En: Facebook Julián Bastidas.
Foto: Quique Rosero

A las siete de la mañana, familias enteras salen de sus casas a buscar el mejor lugar para admirar el magno desfile. Desde el bebé hasta el abuelo caminan ataviados con ruanas y sombreros alusivos a la fiesta.

En una mochila terciada al hombro guardan los elementos de juego, algo de comida y bebida.
Todos quieren estar muy cerca al paso del desfile, no perder un solo detalle e interactuar con los “jugadores” y los músicos de las murgas.

Unos trescientos mil espectadores se acomodan apretados a lo largo de siete kilómetros que tiene la senda por donde pasará el desfile. Unas diez mil personas, entre artesanos, artistas, músicos y danzantes, participarán como “actores”, expresando su talento y creatividad, buscando ganar un premio en el concurso.

Hacia las diez de la mañana, la avenida de los estudiantes está repleta de gentes que juegan lanzándose espumas, talcos y harinas. A las once, el sonido de sirenas, la música lejana, hace pensar que se acerca el desfile. En efecto, no tarda en pasar un primer grupo de los colectivos coreográficos, unas trescientas personas danzan en armonía con los sonidos de flautas andinas, bombos y tambores, rememorando ritos y escenas de la vida indígena.

En la cabeza llevan escudos de guerra y hojas de maíz como si fueran grandes plumas de cacique. El colorido de la vestimenta, la coordinación de los movimientos dancísticos, impresiona gratamente al público. Enseguida pasa la representación de Brasil, país invitado, que había suscitado gran expectativa, sobre todo en los hombres que querían mirar de cerca a las famosas garotas.

Sin embrago, pasan montadas en una carroza, sin mostrar la maravillosa rítmica de la samba ni la voluptuosidad de sus cuerpos; por eso, entre el público, un decepcionado espectador grita a todo pulmón: ¡Bailen carisinas! Otro, mal intencionado individuo, comentó que algunas garotas no se habían afeitado las piernas. Todos ríen.

Luego, el turno es para los disfraces Individuales, figuras que pesan entre diez y veinte kilos, cargadas por una persona. Cada una presenta la imaginación exuberante de su creador. Como en los cuentos de hadas, aparecen seres fantásticos que despiertan asombro y admiración, como si vinieran de tierras lejanas o de otro planeta.

Pasa un dragón con cola de langostino, un unicornio con cuerpo de abeja, serpientes emplumadas, un picaflor con todos los colores posibles. Es la personificación de mitos y leyendas, cuentos épicos, rituales y situaciones jocosas. Todo es posible.

Ante el asombro del público desfila un grupo de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. Es la comunidad LGBT que participa en el propio corazón del carnaval, mostrando su identidad de género, luego de haber sufrido duras agresiones cuando quisieron disfrutar de la fiesta. Su motivo de disfraz es la medusa de la mitología griega, mujer con serpientes por cabellos, que simboliza la perversión y la virtud. Medusa avanza protegida por una fiera de colmillos afilados. Si miras sus ojos te vuelves piedra.

Pasan luego aves fantásticas con alas de fuego. Un dragón con cabeza de serpiente vomita llamas. El cóndor de los andes, de cresta encendida y enorme pico, parece volar. Desfilan terribles transfiguraciones de feroces jaguares, diablos y humanos malvados.

Los niños tiemblan de emoción pero no sienten miedo pues los monstruos tienen bellos colores. Una comparsa de payasos, de boca muy grande, se divierte bailando con esqueletos. Bailan con la muerte. Otras máscaras, expresan infinita tristeza, como las pinturas de Guyasamín.

Enseguida aparecen enormes cabezas de los grandes nariñenses: Aurelio Arturo, el mejor poeta colombiano en el siglo XX, que cantó “al verde de todos los colores”. Hoy el desfile tiene todos los colores posibles incrementados por el sol andino de mediodía.

Pasa el maestro Alfonso Zambrano que convertía la madera en grandes cristos de catedral sin más moldes que su intuición de tallador y talento mágico. Pasa el chato Guerrero compositor de la más emotiva canción al valle de Atriz, a la tierra del Galeras, de ñapangas y trigales. Una murga la interpreta y las primeras notas despiertan el júbilo de las gentes que acompañan el ritmo con las palmas.

-¡Allá viene el Chapulín Colorado!- grita un niño sentado en los hombros de su padre, sobreexcitado al ver acercarse la figura del popular comediante mexicano recientemente desaparecido. Ahora pasa más Colorido que nunca.

El arte de la música

Cuando desfilan los grupos musicales la gente expresa toda su emotividad. ¿Se podría concebir un carnaval sin música? La canción el “son sureño”, de Tomás Burbano canta muy alegre a la tierra nariñense, al trabajador y al paisaje que le alienta en sus faenas cotidianas:

Sandoná tierra caliente, con su industria panelera- ¡Achuchuy!
Samaniego es una mina y Cumbal es la nevera- ¡Achichay!
Las gentes repiten el coro: ¡vamos todos a bailar este rico son sureño!
¡Y si alguno es forastero, complacido yo le enseño! –responden los músicos.

Frente a nosotros una murga toma un descanso pero nadie quiere dar tregua a los músicos que se derriten bajo el sol. Alguien grita: ¡Toquen bámbaros, entumidos! Todos ríen pero la broma no causa gracia a los fatigados artistas, ni a los turistas que no han leído el diccionario de la lengua pastusa del doctor Rafael Sanz.

Otra murga arranca con “el pájaro amarillo” y la alegría explota. Son mujeres que tocan. Adornan sus senos con espirales que simboliza, en los antiguos pastos, la fertilidad siempre renaciente del reino vegetal. Grafismos que dejaron impresos en rocas y en piezas de cerámica, la más bella de Colombia.

Son casi las tres de la tarde, el desfile parece interminable. Entre disfraces, comparsas y murgas han pasado cuarenta grupos, pero aún faltan las carrozas. Hay un corte en el desfile que las familias aprovechan para degustar platos típicos: frito, hornado con lapingachos, y por supuesto su majestad el cuy asado con papas y ají de maní. El licor pasa de mano en mano con gran derroche y alguien recuerda con nostalgia al siempre querido y nunca olvidado aguardiente Galeras.

El arte de artistas y artesanos

El turno es ahora para las carrozas no motorizadas, que se mueven por tracción humana, unos empujan, otros frenan. Un enorme cuy de grandes ojos verdes, pestañas rizadas y sombrero campesino, inspira palabras de cariño, en un tiempo donde son sacrificados unos cien mil ejemplares de este pequeño roedor imprescindible en la gastronomía local.

¡Esa es, esa es!, corea el público en señal de aprobación.

También desfilan felices los mejores colombianos: el Gabo saluda al mundo con los brazos abiertos. Carolina Ibarguen salta, bella, negra, ágil y esbelta; James anota de revolea; Mariana invencible en su bicicleta olímpica. Continúan seres mitológicos de la llanura pacífica. Espantosos monstruos que toman vida en los humedales y en noches oscuras de tormenta tropical.

Otro, de horrible hocico, ojos rojos fulgurantes, orejas como alas de murciélago, se moviliza encima de un feroz cocodrilo. Es Yarcunina, que puede convertirse en hombre apuesto, enamora muchachas, las hace volar y luego las sumerge en la profundidad de lagos y ríos.

Un hombre feliz y borracho ha logrado entrar a la senda y baila ridículamente, delante de una murga, con los brazos en alto y la cabeza gacha, provoca risas y algunos gritan en coro ¡sáquenlo! ¡sáquenlo! Pero la policía sabe muy bien que en carnaval pierde autoridad. Sobre ellos cae harina y espuma, con exagerada generosidad.

Y finalmente llega lo esperado por todos: el desfile de carrozas. Dos toros extraordinarios con tres cuernos suplementarios de unicornio, tiran un carruaje cuyas riendas, sólidas cadenas, son maniobradas por una mujer alada y sensual, de rostro valiente, en posición de vuelo, acompañada de aves fabulosas y flores diseccionadas que dejan ver su gineceo, estambres, pétalos, ovarios y nectarios.

Detrás de ella va sentado cómodamente un hombre musculado y gesto dominante, porta un casco de dios griego. La boca abierta de los toros, el lomo inclinado, indican bravura a quien ose ofender a la mujer. La carroza se llama “mujer guerrera de vida” y simboliza su fuerza de voluntad y la reivindicación ante el machismo agraviante.

A diferencia de otras carrozas tiene pocas figuras, unas cuatro, pero contribuye a que la composición se vea limpia y perfectamente terminada. El manejo virtuoso del color hace creer que hay luces fosforescentes dentro de las figuras.

¡Esa es! ¡Esa es!, grita la gente en coro, indicando con aplausos que debe ser la ganadora.
Pasa luego una “Loco-motora”, que representa el ingenio en la concepción y elaboración de las obras artísticas del carnaval, cuya creatividad colinda con la locura de la imaginación. El arte-facto es impulsado por una gran cabeza de arlequín que parece vomitar personajes enajenados, de la profundidad de sus entrañas.

El imponente volcán Galeras es personificado en el león centinela que desciende a la ciudad, también a divertirse. Lo acompaña un arlequín, que simboliza la alegría y el juego. Tiene bellos gestos y colores que un niño dice a su padre que lo quiere en su casa.

“Carnaval toda una vida” es el nombre de otra carroza que hace homenaje a don Sigifredo Narváez, el maestro que ha participado durante sesenta años en carnaval. Toda una vida talento, creatividad y enseñanza. Un enorme dragón de tres cabezas es la escultura principal.

En la cola va incrustado un maléfico genio acompañado de figuras de cuentos de hadas. Cada escama o pliegue es una artística moldura. Frente a la carroza aparece una enorme cabeza de doble cara, se abre en dos y aparece la figura del don Sigifredo.

El Gabo recibe nuevo homenaje. Su bigote y anteojos de gran marco hacen fácilmente reconocible al creador de Macondo. El Nobel colombiano pasa con su vieja máquina, rodeado de libros, mariposas amarillas, Mauricio Babilonia, Remedios la bella…

Un joven minusválido avanza en silla de ruedas delante de una carroza, disfrutando, quizás, de uno de los mejores itinerarios de su vida. Lleva traje de jugador y regala caramelos a los espectadores que agradecen con profundo sentimiento. Así pasan más motivos.

El caparazón del armadillo es el cuerpo principal de una carroza rematada por un músico andino de enormes ojos y lengua afuera que toca un charango que, según la leyenda, era afinado por el diablo. Le acompañan hermosas mujeres con alas traslúcidas de mariposa.

El arte de la convivencia

Cuando el carnaval de Pasto, fue declarado obra maestra de la humanidad, se reconoció que, aparte de las manifestaciones de arte y tradiciones, tiene un efecto positivo de sensibilización y de cohesión social. Que éstas prácticas festivas se transmiten generacionalmente y tienen un legado histórico significativo.

El pueblo lo reconoce como parte fundamental de su identidad, es el creador y protagonista de esta expresión que contiene todos los ingredientes de una gran fiesta: música, color, juego, complicidad, imaginación, fantasía creadora, baile, embriaguez del cuerpo y de los sentidos.

“El carnaval no nos pertenece, nosotros pertenecemos a él”, dicen algunos con satisfacción. La ciudad es amable y acogedora para el visitante. Sus habitantes respetan lo público, las normas de convivencia, viven la fiesta en armonía, sin violencia.

Sienten orgullo de vivir en la ciudad que tiene un maravilloso carnaval.

Son casi las cinco de la tarde, el desfile ha llegado al final. Unos van, otros vienen, unos suben, otros bajan, se entrecruzan en calles y plazas. Comienza una guerra feliz de espuma, talco y harina. Se despiden hasta el próximo año, alegres de haber compartido muchas emociones. La ciudad se ha transformado en el paraíso de lo soñado. Como en un final de película, todo se va desvaneciendo, entre una nube inmensa de polvo.

Julián Bastidas Urresty

Fotografía: Quique Rosero

Publicado en:

https://www.facebook.com/notes/julian-bastidas/carnaval-de-pasto-para%C3%ADso-de-lo-so%C3%B1ado/10153791298989876



Fuente: www.facebook.com
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