Un paseo íntimo por la vida que despierta contigo.
Imagen obtenida con la ayuda de Microsoft
03 septiembre 2026
- Hay historias que ofrecen razonamientos que ayudan a vivir y, no sabiendo muy bien por qué, tanto me gusta recordar. Quizás sea por eso y para alimentar las razones de mi existencia en esta etapa de mi vida, hoy dejaré aquí una de ellas, de las que siempre sueño que fue ayer.
- El primer propósito nació truncado, hoy tampoco tenía ganas de hacer nada. La luz de la mañana entró tímida por el techo y me despertó el rumor de los primeros necesitados de vida que ya se manifestaban al pie de la ventana. Abrí y dejé que el aire fresco me encontrara.
- Vi cómo se mezclaban los voluntariosos runners con los rezagados reyes de la noche, esos que aún intentan alargar las últimas noches locas de un verano que ya termina. Para algunos es un modo de seguir viviendo; para otros, casi una inscripción acelerada a esa goût mort que nunca entenderé.
- Al fondo, en el parque, en uno de esos bancos románticos que la Cosa Pública instala a regañadientes, estaba él: mi viejo amigo de los bolos. Ese anciano que jugaba solo cada madrugada. Hacía tanto que no lo veía que su presencia me sorprendió. Quizá su ausencia no era tal; quizá era yo quien llevaba demasiado tiempo sin subir la persiana tan temprano.
- Me alegró verlo allí, en el centro de mi pequeño escenario matinal.
- Apoyé los brazos en el alféizar y dejé que el fresco de la madrugada me atravesara. Nunca duele. Nunca falla. Es un embrujo vital, como entrar en el primer día de una vida renovada. Miré hacia la Aitana y me dije, con la serenidad de quien ya ha vivido mucho: ¡¡¡Qué suerte!!!
Fuente: elcaminoseestrecha.blogspot.com