Aquella casa que sigue dentro de mí

 
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Me gusta rememorar mis pensamientos y saberme poseedor de ellos por mucho tiempo que pase.

 Aquella casa que sigue dentro de mí

Imagen obtenida con la ayuda de Grok

18 agosto 2026

- A veces vuelvo, sin querer, a aquellas escaleras interminables de la Barceloneta, donde subía los peldaños de tres en tres mientras mi madre me pedía prudencia desde su paso lento. Qué mundo aquel. Qué escenario tan humilde y tan grande a la vez, donde cada rellano tenía su vecina, su saludo y su pequeña ceremonia de barrio.

- Al llegar arriba siempre estaba Él, mi padrí, firme como un faro. Yo me abrazaba a sus pantalones como si cada encuentro fuera el último, como si en aquel gesto se sostuviera el mundo entero. Luego venían los besos a la yaya, quieta en su silla alta, y las historias que él me contaba hasta quedarse sin fuerzas, regalándome colores y fantasías que aún hoy me acompañan.

- Recorrer aquel pasillo largo, con sus sombras misteriosas, era entrar en un universo propio. El olor de la cocina, la punta de pan en la boca, el suspiro inevitable… todo eso era estar en casa, en la casa de la yaya, donde el tiempo tenía otro ritmo y la vida parecía más sencilla.

- Asomarme al balcón prohibido era el final perfecto de ese viaje. Un gesto pequeño, casi travieso, que convertía la tarde en aventura. Eran otros tiempos, sí, pero no menos vivos que ahora. Tiempos de rigor, de cariño, de contradicciones hermosas. Recuerdos que no se marchan porque forman parte de lo que somos.

- Dicen que los mayores solemos repetir que “nunca nada será como fue”. Puede ser. Pero los sentimientos, esos que nos sostienen, siguen intactos en quienes vienen detrás. Cambia el escenario, cambian las formas, pero la esencia permanece. No os inquietéis, abuelos del universo: el mundo seguirá siendo mundo, y las costumbres, aunque distintas, seguirán encontrando su lugar.

- Y hoy, tantos años después, me gusta pensar que aquella casa sigue viva en cada memoria que la toca, en cada olor que vuelve, en cada historia que se cuenta. Porque mientras recordemos, nada se pierde del todo.

Fuente: elcaminoseestrecha.blogspot.com
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