Llevamos años normalizando vivir con la nuca como una piedra. Estamos todo el día encorvados frente a la pantalla, con el cuello hecho un nudo, y después nos preguntamos por qué nos pican los ojos, por qué tenemos rinitis o por qué sentimos que el mundo gira de golpe. La mayoría sale corriendo a la farmacia a comprar cualquier analgésico que tape el ruido, pero la solución es mucho más física y mecánica de lo que nos cuentan. El interruptor para apagar ese malestar está ahí atrás, en la base del cráneo, y se activa con un simple movimiento de pulgares. No es magia, es pura anatomía aplicada a un cuerpo que ya no aguanta más el ritmo de la oficina.
Fuente: dionisio.com.ar