Jueves Santo: el recogimiento que nos sostiene

 
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El silencio que nos devuelve a lo esencial

 Jueves Santo: el recogimiento que nos sostiene

Foto de Internet


02 abril 2026

- Hay días en los que el tiempo parece detenerse, no porque el mundo vaya más despacio, sino porque algo dentro de nosotros decide escuchar con más atención. El Jueves Santo es uno de esos días. Un día en el que la tradición no es un adorno ni un gesto repetido, sino una forma de volver a casa, de reencontrarnos con la profundidad de lo que somos y de lo que anhelamos.

- El recogimiento no es silencio vacío; es un silencio habitado. Es la pausa que nos permite mirar hacia dentro sin miedo, reconocer nuestras luces y nuestras sombras, y comprender que la fe —sea cual sea su forma— es un hilo que nos sostiene cuando el camino se estrecha. En este día, cada gesto tiene un eco antiguo: una vela encendida, un paso lento, una oración susurrada, una calle que se llena de solemnidad. Son costumbres que heredamos sin darnos cuenta, pero que, cuando llegan, nos abrazan como si siempre hubieran estado esperándonos.

- Quizá por eso el Jueves Santo tiene esa capacidad de elevar el alma sin estridencias. Nos recuerda que la felicidad no siempre nace del ruido, sino de la calma que nos permite ver con claridad. Que las ilusiones no se improvisan, sino que se alimentan de pequeños rituales que dan sentido a lo cotidiano. Que las creencias —las profundas, las que no necesitan demostrarse— se fortalecen cuando nos permitimos detenernos y sentir.

- En un mundo que corre, este día nos invita a caminar despacio. A honrar lo que nos precede. A agradecer lo que nos sostiene. A confiar en lo que viene. Porque, al final, son estas costumbres, tan sencillas y tan nuestras, las que mantienen el alma en lo más alto: no por obligación, sino por la íntima certeza de que en ellas encontramos un refugio, una guía y un horizonte.

Fuente: blogger6entafre.blogspot.com
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