Fort Apache y otras certezas que no se olvidan
05 enero 2026
- Mientras el mundo parece enloquecer intentando entender el conflicto venezolano, por aquí parece que lo consideramos un espectáculo más de los que nos tienen acostumbrados las distintas cadenas de radio y televisión nacional. Para ellas esta noticia y sus incidencias (minuto a minuto), es como hueso para perro casero, no lo van a soltar en días, quizás en semanas lo cual puede resultar preocupante para quienes consumen bodrios de programas en las que todos los contertulios pelean para ver quien habla más fuerte e interrumpe más al otro para hacerse valer y así ganar puestos en el escalafón de la cola de los pretendientes a ser llamados para sucesivos programas.
- Pues bien, mientras el mundo parece dispuesto a dejarse convencer por la bondad y/o maldad del resultado de esta gesta venezolanoamericana, nuestro mundo, el más cercano, se debate en saber si todavía tienen edad los más pequeños para creerse lo de los camellos y los RRMM que vendrán la noche del día cinco a favorecer los deseos de todos los que hayan escrito una buena y convincente carta reclamando su parte de los regalos de la familia y para ver si los benefactores serán capaces de tomarse las copas del vino y los dulces que estarán allí preparados para ellos mientras el abuelo se ofrece a recibirlos y "compartir" charla, dulces y copas con los de Oriente.
- A veces creo que nada cambia, no sé. Quizás nuestros niños (los de hoy), ya no sean tan inocentes como lo éramos nosotros, pero yo sí creo en ello y en aquellas largas noches (ahora convertidas en la Noche de la Verbena del Roscón), en los que desde la cama hasta oía el ruido de los camellos, las voces de los RRMM y los golpes de distintas cajas al destriparse. Ver el Fort Apache con los soldaditos de plomo bien uniformados dentro del fuerte y a los Apaches montados en sus caballos encima de la mesa del comedor provocaba lágrimas de alegría, mientras mis adorables Padres disfrutaban con el espectáculo que yo ofrecía ya que mis hermanos eran mayores que yo y la inocencia la habían dejado en sus primeros guateques.
- Concluyo hoy, una vez más, dando gracias a la vida la cual me ha permitido llegar hasta aquí para que pueda comerme a besos a mis niños y a todos cuantos me rodean, mientras la abuela ponga su cabeza en mi hombro a la vez que observaremos el espectáculo que supone verlos (aún y sin la inocencia de los niños del ayer), disfrutar abriendo cajas mientras siguen emocionados comprobando que lo pedido se corresponde con lo "llegado".
- Queda un día, pero a veces un día es toda una vida.
Fuente: elcaminoseestrecha.blogspot.com