partir de discursos provenientes de ventriloquías producidas por saltimbanquis amaestrados, las sociedades aprenden a ignorar las advertencias que vienen ocultas detrás de los mensajes surgidos desde las directivas de empresas corporativas, siempre dispuestas a gobernar naciones expuestas a sus consideraciones, emanadas desde las postizas rivalidades personales de los propios coleccionistas de acciones financieras.