Violencia machista

 
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 Violencia machista


Posted on June 17, 2023

El machismo es cultura, una cultura construida sobre la referencia de que los hombres son superiores a las mujeres, que hace de la desigualdad la esencia de su modelo de poder. Y para que todo encaje y confirmar su construcción, recurre a la discriminación y a la violencia contra las mujeres con el objeto de someterlas a los espacios y roles que ha definido como propios de ellas, de manera que al obligarlas a ocupar esas funciones “demuestra” que su construcción es verdad, al tiempo que la valida y da coherencia a su modelo.

Pero también sirve de algo más, pues en esa idea reside la razón principal para castigar a las mujeres que no asumen el modelo, bien bajo la idea de corrección, para que corrijan la actitud o el comportamiento realizado, o bien como castigo, cuando la conducta llevada a cabo es considerada grave en cualquiera de los escenarios. En ese argumento reside la idea de que a las “buenas mujeres” y a las “buenas chicas” no les pasa nada, y que si maltratan o agreden sexualmente a una mujer es porque ha hecho algo malo en contra del orden establecido.

A partir de ese modelo inicial en el que las mujeres son consideradas “diferentes e inferiores” a los hombres, conforme las comunidades y sociedades se fueron haciendo más complejas y amplias, la referencia cultural androcéntrica en cada momento ha aplicado su fórmula original a cada caso, siempre partiendo de lo que los hombres de cada lugar decidan sobre las mujeres y las personas que no son como ellos. Y, por tanto, como llevo años explicando, recurren a la idea de que la persona distinta además de diferente es inferior y, en consecuencia, queda expuesta a la discriminación y a la opresión para limitar sus derechos y justificar la violencia que ejercen contra esas personas. Según este modelo una persona extranjera es “diferente e inferior” y queda expuesta a la desigualdad de un modelo construido sobre el núcleo de la desigualdad entre hombres y mujeres; una persona de otro grupo étnico es “diferente e inferior”, una persona homosexual es “diferente e inferior”, una persona trans es “diferente e inferior”, una persona de otra creencia es “diferente e inferior”… Y así podríamos seguir con cualquier elemento que la cultura machista considere que actúa como algo negativo frente a su “conocimiento” hecho cultura y la forma de ser y relacionarnos en la sociedad que parte de él.

El hecho de que el machismo utilice distintas violencias contra diferentes grupos de personas que no se ajustan a su modelo cultural no significa que son equiparables a la violencia contra las mujeres, puesto que la esencia del machismo se levanta sobre la opresión de las mujeres y es el único grupo de la población que necesita para sostener su modelo y estructura de poder. El resto de grupos podrán “cuestionarlo” o entender que debilitan sus referencias, pero no actúan contra el núcleo del sistema basado en la sumisión de las mujeres.

Si hoy, en pleno siglo XXI, hablamos de patriarcado, de cultura androcéntrica y de machismo como cultura no podemos reducir su expresión a lo que hagan los hombres sobre las mujeres, eso es sexismo, el cual está en la base del machismo y se mantiene desde hace 10.000 años de la misma forma, pero sería insuficiente para explicar una construcción cultura, además de reducir todos los elementos que actúan sobre la discriminación y opresión de las mujeres a la violencia, cuando son muchos más. Hoy el machismo abarca a toda la realidad y se expresa a través de sus diferentes instrumentos en distintos contextos (en la economía, en la educación, en la cultura, en la política, en los medios de comunicación…), y sobre diferentes grupos de personas tal y como hemos explicado en distintas ocasiones, por ejemplo, en el artículo “La trampa del odio fragmentado” (junio 2019), porque, como hemos indicado, el machismo es cultura.

Precisamente unos de los argumentos que el machismo utiliza para negar la realidad de la violencia de género contra las mujeres, es decir que para que una violencia fuera machista tendría que ser una violencia que sólo ejercieran hombres sobre mujeres, como expliqué en el artículo “De negar la violencia del machismo, a negar el machismo de la violencia” (septiembre 2018).

La situación actual es compleja en todo lo referente a la construcción de género, y de hecho una ley como la “Ley Integral contra la violencia de género”, aprobada por unanimidad y con el apoyo del movimiento feminista, hoy necesita una concreción mayor para ajustarla a la realidad que aborda, y debería denominarse “Ley Integral contra la violencia de género ejercida sobre las mujeres”. No podemos perder la referencia que supone la violencia contra las mujeres, pero precisamente la forma de hacerlo es entender que la construcción cultural que se origina sobre ella tiene en la violencia un instrumento fundamental para mantener su orden, y que como tal el machismo, o sea, el patriarcado o la cultura androcéntrica, la utiliza contra otras personas “diferentes e inferiores” en su modelo. Con distinto significado y para alcanzar diferentes objetivos, pero como violencias machistas por ser consecuencia de la cultura machista.

Si no se reconoce la referencia cultural del machismo y todas sus derivadas y centramos la crítica sólo sobre lo que les ocurre a las mujeres en determinadas circunstancias, estaremos dejando la normalidad con toda su invisibilidad y anonimato actuando en contra de las mujeres, para así poder sostener su modelo.

No comparto la teoría queer, pero entiendo que la violencia contra las personas LGTBIQ+ es violencia machista, no violencia contra las mujeres ni con el mismo significado para el machismo, pero se trata de una violencia cuya motivación y razón surge de la cultura machista.

This entry was posted in Uncategorized by Miguel Lorente Acosta

Fuente: miguelorenteautopsia.wordpress.com
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