En la cultura del subcontinente indio, el término hijra (o jisra) define a los miembros de un tercer género, en su mayoría varones que se refieren a sí mismos en femenino y se visten y comportan como mujeres.
Se considera que en la India existen entre 50 000 y 5 000000.
El origen divino de este grupo proviene de una leyenda del siglo IX según la cual, el dios Krisna, al oír a un soldado lamentarse porque moriría virgen, se transformó en la diosa Mojini, y lo lloró como su viuda. Por esta razón los jisras van cada año al sur de la India, para celebrar sus bodas con el dios y se visten con galas de novia.
Durante los siglos de invasión mongola, tenían un alto nivel de vida e inspiraban fe y respeto.
Tras la ocupación británica de la India las leyes castigaban la homosexualidad y esta población se vio obligada a vivir de la mendicidad y la prostitución.
A fines del siglo XX se ha relajado su persecución, pero la discriminación sigue vigente.
Algunas jisras se castran y cumplen con un rito: volcar leche en un arroyo, como símbolo de la pérdida de su fertilidad. Los supersticiosos hinduistas creen que las jisras, al renunciar a tener hijos, tienen facultades para bendecir o maldecir y es por ello que al nacer un niño, las jisras acuden a festejar el nacimiento con bendiciones. A cambio reciben ofrendas.
La mayoría de las jisras renuncian a llevar una vida sexual activa. Las que se prostituyen, solo consideran esta actividad como un trabajo.